Fernando G. Castolo*
Reconocer
lo que somos como zapotlenses, ese es el gran reto de quienes
llevamos la responsabilidad de mantener viva la memoria histórica de
los pueblos: de los Cronistas. Todos los días se hacen referencias a
los elementos culturales que nos dan identidad y nos ofrecen un
férreo sentido de pertenencia, pero es imposible competir con lo que
invade las redes sociales hoy en día, con aquellos argumentos que
incitan a lo breve, a lo inmediato, a lo banal, a lo efímero.
Ya
no existe una preocupación por alimentar la significación en el
plano universal de lo que somos y representamos. La riqueza que
poseemos en paisajes naturales y arquitectónicos, en la gastronomía,
en las tradiciones, en nuestra gente ilustre; todo ello se mira con
ojos ajenos, con tímidas pinceladas de algo que ya no entusiasma.
La icónica presencia de monumentos que ennoblecen la ciudad,
ahora son objeto de severos atentados con graffiti, una contaminación
visual a la que se suman los letreros espectaculares de algunas
negociaciones y un mobiliario urbano desgastado y destruido: postes
que soportaban casetas telefónicas o cabinas para los deshechos,
bases de luminarias, y pedestales desprovistos de su material
aparente.
Aunado a ello, esa falta de interés ha dado como
resultado un nulo respeto por las banquetas y portales en las que se
deambula, donde, inclusive, los olores fétidos y los pisos manchados
ofrecen un pésimo aspecto. La coadyuvanza en la presencia de la
ciudad es una tarea común que debemos de incentivar desde diversas
aristas, desde los diversos intereses y desde las diversas
perspectivas, priorizando en lo que nos debe de enorgullecer como
zapotlenses.
Ese es el gran invitatorio en el que insiste el
Cronista Oficial, a una aspiración inspirada en trascendencia, en la
que nos quitemos esa miopes con la cual vemos lo ordinario,
transformando ello en una dimensión extraordinaria.
Sumemos,
pues, esfuerzos en esta gran tarea, desde la intimidad del hogar, en
ese entorno en el que deben de seguir subsistiendo las viejas
consejas que siguen igualmente alimentando anhelados
sueños.
*Cronista oficial de Zapotlán el Grande.

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