lunes, 19 de enero de 2026

La labor trascendente del cronista

 




Fernando G. Castolo*



Reconocer lo que somos como zapotlenses, ese es el gran reto de quienes llevamos la responsabilidad de mantener viva la memoria histórica de los pueblos: de los Cronistas. Todos los días se hacen referencias a los elementos culturales que nos dan identidad y nos ofrecen un férreo sentido de pertenencia, pero es imposible competir con lo que invade las redes sociales hoy en día, con aquellos argumentos que incitan a lo breve, a lo inmediato, a lo banal, a lo efímero.



Ya no existe una preocupación por alimentar la significación en el plano universal de lo que somos y representamos. La riqueza que poseemos en paisajes naturales y arquitectónicos, en la gastronomía, en las tradiciones, en nuestra gente ilustre; todo ello se mira con ojos ajenos, con tímidas pinceladas de algo que ya no entusiasma.

La icónica presencia de monumentos que ennoblecen la ciudad, ahora son objeto de severos atentados con graffiti, una contaminación visual a la que se suman los letreros espectaculares de algunas negociaciones y un mobiliario urbano desgastado y destruido: postes que soportaban casetas telefónicas o cabinas para los deshechos, bases de luminarias, y pedestales desprovistos de su material aparente.





Aunado a ello, esa falta de interés ha dado como resultado un nulo respeto por las banquetas y portales en las que se deambula, donde, inclusive, los olores fétidos y los pisos manchados ofrecen un pésimo aspecto. La coadyuvanza en la presencia de la ciudad es una tarea común que debemos de incentivar desde diversas aristas, desde los diversos intereses y desde las diversas perspectivas, priorizando en lo que nos debe de enorgullecer como zapotlenses.

Ese es el gran invitatorio en el que insiste el Cronista Oficial, a una aspiración inspirada en trascendencia, en la que nos quitemos esa miopes con la cual vemos lo ordinario, transformando ello en una dimensión extraordinaria.




Sumemos, pues, esfuerzos en esta gran tarea, desde la intimidad del hogar, en ese entorno en el que deben de seguir subsistiendo las viejas consejas que siguen igualmente alimentando anhelados sueños.

*Cronista oficial de Zapotlán el Grande.



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