Fernando G.
Castolo
Escribir la vida. Los grandes escritores, de todos
los tiempos, dejan en cada una de sus obras una parte de ellos. Ahí
quedan plasmados recuerdos, anécdotas, lecturas, relatos y consejas
compartidos por terceras personas. Ahí, en los textos que crean, hay
un espíritu vivo que se comparte a raudales, que se expone sin
empacho y que otorga amarguras y glorias.
Escribir es un acto de amor que incluye sentimientos íntimos y que gozan de la creatividad para despertar emociones en los lectores. Ser capaz de despertar en ellos alegrías y tristezas en el transcurso de su desarrollo, es todo un arte que se celebra o se reprime. Cuando se está en condiciones de abordar una lectura, ésta causará grandes transformaciones, como producto del genio e ingenio de su creador.
Escribir es un acto de honestidad, en el que se vuelcan las
experiencias personales del escritor, quien desarrollará, con ayuda
de ciertas herramientas, su propia personalidad, capacidad y
elocuencia. No es fácil tomar este oficio, porque se requiere
disciplina para alcanzar el éxito después de duras batallas
perdidas. La opinión pública es la que se encarga de aplaudir o
repudiar esas creaciones.
Escribir es un acto de fe que implica una entrega total. Escritor no es lo mismo que escribiente, porque en el primero hay arte, y en el segundo hay una simple tarea. Zapotlán el Grande ha dado importantes escritores con una trascendencia local, nacional e internacional y, gracias a ello, su nombre se reconoce como la cuna de grandes... De grandes creadores que son un referente obligado en la historia universal. Escribir la vida y compartirla.

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