Para Ana Karol
y Luis Renán, mis nietos
LA
NUBE Y EL CONEJO
Juan
subió corriendo hasta lo más alto de la loma y se recostó para mirar el cielo.
Había una parvada de nubes que se deslizaban en lo más alto, contrastando con
el intenso azul. Luego las nubes se detuvieron y se acumularon ante la mirada
de Juan, quien cerró los ojos un instante cuando el sol las iluminó,
encandilándolo.











