Martha
Catalina Alvarez Godoy
Desde
que somos pequeños nuestros padres son los primeros que quieren y esperan lo
mejor para cada uno de sus hijos, sin saber a ciencia cierta cuáles serán las
preferencias y aspiraciones personales al crecer o más tarde como adultos. Dependerá
desde luego de las cualidades y competencias que desarrollen a través de su
proceso formativo. Sin embargo, ese anhelo espontáneo es la fuerza que los
impulsa no sólo a demostrar afecto, cuidado, interés por formarlos y educarlos
según criterios específicos como progenitores y familia; orientar además todas las
acciones posibles para que los hijos sean personas de bien y actúen apropiadamente.








