Fernando
G. Castolo*
La pólvora estremece los cielos zapotlenses. Estamos en las celebraciones a la Santa Cruz y por los diversos barrios de la ciudad hay encendios. En capillas y casas particulares se han dispuesto hermosos altares, con las chisporroteantes velas, las aromáticas flores y los artísticos papeles picados con que adornan los plafones, ofreciendo un espectáculo celestial que se reviste de inciensos. Todas las noches hay convocatorias para el rezo del rosario, los cantos y las jaculatorias.
Hay encendedores para cada día. Al final, el obsequio generoso que consiste en tamales, tortas, birria, cuachala, pozole, tostadas... Todo depende del desprendimiento del organizador.
En las vísperas a la gran celebración, se sale por la noche, en un convite que se desplaza por diversos rumbos de la ciudad. Entonces se realiza la pega de "Vivas", pequeños y frágiles papeles en que se imprimen devotas líneas literarias con la que se honra a la Santa Cruz, con la leyenda de: "Viva la Santa Cruz..." de las Piedritas, del Cuascomate, del Nacimiento del Agua, de las Palmitas", de la Cumbre, del Buen Pastor, de la Reja, Blanca...
Hay más de cien encendios, lo que convierte a la fiesta en la tercera más importante de la localidad, después de las patronales en honor a San José y las de la Guadalupana. El 3 de mayo, amanecen las construcciones adornadas con una cruz de madera forrada de multicolores papeles y flores, que se dispone en lo más alto. Es el día grande de los Albañiles, de los Constructores, de los encargados de obra, de los arquitectos.
Como parte de la gastronomía tradicional se ofrece, además, la sopa de arroz colorada y la épica Sopa de Pan del Indio. Hay ponches, cervezas, destilados y aguas frescas para empapar las recetas. Zapotlán el Grande es un festín por doquiera se le mire. La Santa Cruz es fiesta grande y muy concurrida. ¡Que Viva!
*Cronista Oficial de Zapotlán el Grande.

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