Fernando G. Castolo*
Cassia Fistula, así se le conoce en el campo científico a un árbol que logra conmover los paisajes en esta época del año. Su presencia es onírica y lúdica en barrancos, plazas y camellones. Es un árbol que pasa desapercibido casi siempre, pero en las primaveras revientan en estallidos de amarillos profundos; por ello, popularmente se le conoce como "lluvia de oro". Su presencia ornamental embellece sobremanera las zonas urbanas y rurales de nuestros entornos.
Hay uno, especialmente, que irradia tal belleza porque se encuentra posicionado en medio de tres icónicas construcciones de nuestra ciudad: la Catedral, Tercera Orden y El Sagrario. Es muy fotografiable porque ofrece un toque de perspectiva única frente a las monumentales fachadas en cantera gris. Los artistas han tomado a este árbol como inspiración para plasmarlo en pinturas, poesías y evocadoras narraciones que hablan de su presencia.
La "lluvia de oro", además de sus racimos cargados de diminutas flores amarillas, tapiza en su torno esos mismos amarillos que emulan alfombras persas, así como también lo hace otra especie de árbol muy socorrido en la región: la jacaranda. Estos árboles, dispuestos en los ingresos sur y norte a la ciudad, también estallan en sus morados, y ennoblecen los caminos que custodian como fieles soldados.
Primavera es sinónimo de un feliz renacimiento que, año tras año, nos hace desfallecer ante la inmaculada belleza de los paisajes que contienen en sus horizontes estos árboles que se nos obsequian en maravillosa postal.

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