martes, 7 de abril de 2026

Semana santa en Talpa

 


Fernando G. Castolo*



Las charlas discordantes de cientos de personas se funden en una algarabía de voces que inundan aquellos caminos que se aproximan a Talpa de Allende, lugar en el que todo confluye en un abrazo de fe, historia y tradición. Son los días grandes de la Semana Santa, en que muchos fieles aprovechan el asueto para confluir en este que es considerado el tercer santuario mariano más importante del territorio nacional. Por doquier, aprovechando los escasos espacios sombreados, se observan grupos de personas que descansan y procuran líquidos que mitiguen la sed. El sol es abrasador y las temperaturas son elevadas en esta época.



Otros visitantes más aprovechan su estancia para darse un "chapuzón" en el río, pero es inevitable voltear la vista y ver una larga y gruesa fila de romeros que se aproximan a la hermosa basílica. Al interior los olores a sudor se fusionan con los del incienso, las parafinas y las aromáticas flores que adornan el recinto. Todo ocurre en torno a Ella, a la milagrosa Virgen del Rosario de Talpa, la diminuta escultura de Pátzcuaro que llegó a estas geografías a renovarse y, con ello, a renovar los espíritus que encuentran consuelos de sus dramas humanos con su oración viva.

El breve pueblo de Talpa pareciera que colapsará ante los miles de congregados que arriban todos los días. El agua se escasea, los desperdicios se multiplican, y los insumos para alimentar tantas bocas llegan por toneladas. Es una algarabía de movimientos que deambulan de un lugar a otro, como moscas que pululan en torno a un exquisito manjar. Ella, y solamente Ella, es la razón de estos enormes desplazamientos humanos que hacen que el comercio en Talpa "haga su agosto".





Hay conservas, rollos, palanquetas, garapiñados, rompopes y una gran variedad de dulcería artesanal para todos los gustos, donde predomina como ingrediente especial la guayaba. También los recuerdos estampados en rosarios, escapularios, dijes, medallas, tazas, bolsas y ropa se ofertan por doquier. El chicle, que se encuentra en mil coloridas formas, es obligado como artesanía local.

A donde quiera que se voltee hay delicias que se antojan y se engullen con el entusiasmo de saber que se ofrecen solamente ahí como cosa típica. La experiencia de visitar Talpa de Allende y a su milagrosa Virgen del Rosario en Semana Santa, es lúdica y del todo sui generis, y bien vale la pena ser parte de la misma.


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