(I)
Salvador
Encarnación
Para los nacidos “tierra adentro”, conocer el mar es primordial. De mi parte, a los trece años de edad lo miré en Manzanillo. “Vamos a ver los barcos”, dijeron. Pero fue el mar quien atrajo mi atención: otro paisaje a la vista. A los pocos minutos el mar se convirtió en la alegría pura. El agua, las olas, el sol, el vuelo de otros pájaros a ras de la espuma de las olas. En aquellos tiempos era más paraíso que Puerto.

