Fernando G. Castolo*
Después del movimiento telúrico que sacudió al valle de Zapotlán, los sollozos ante aquel escenario dantesco no se hicieron esperar. La vida cambió de forma radical para los vecinos quienes, en escasos segundos, vieron apagarse varias vidas y observaron con impotencia el colapso del patrimonio generado en toda una existencia.
En realidad, la fatalidad del episodio hace que el fenómeno adquiera una dimensión conceptual de "desastre natural", aspecto totalmente erróneo porque la naturaleza, en su viveza, tiene comportamientos que, ciertamente, afectan la parte humana y material, pero es una situación eventual, no planeada, que causa cierta zozobra. Después de este tremendo susto, la comunidad, desorientada, emitía llantos, gritos destemplados, oraba y repetía jaculatorias a toda la corte celestial.
Desde el año de 1749 San José fue proclamado protector contra los temblores, y a esta devoción se encomiendan los zapotlenses para enjugar las lágrimas y recargar su frágil humanidad. El Obispo Serafín Vázquez entendió y atendió esta espontánea súplica del vecindario. De entre los escombros de la Catedral salió la taumaturga imagen, acompañada de la Virgen del Rosario, y fue dirigida a las instalaciones del Estadio Olímpico, al poniente de la mancha urbana. La procesión avanzó por calles maltrechas, hacinadas de escombros, y la gente se unía de forma solidaria a la gran columna de fieles devotos.
Ahí, en aquel campo deportivo, estaba todo el pueblo zapotlense, hincados, llenos de agradecimiento, protegidos del sol con sombrillas y gorras. Ahí, la muchedumbre se estremeció hasta las lágrimas cuando se evocó aquel grito del Pastor: "Viva Señor San José!"... Entonces el escenario tembló nuevamente con una sola voz: "Qué viva!" Fue una celebración eucarística muy sentida y muy recordada por todos aquellos que participaron en momentos de franca impotencia moral. Zapotlán el Grande nunca volvió a ser la misma después de aquel 19 de septiembre de 1985.
Es cierto, nos levantamos de aquellas ruinas y superamos la tragedia humana, pero pervive en el imaginario local la idea firme de que pronto la tierra nos volverá a sacudir; vemos con ojos asustadizos estos fenómenos que se presentan en la parte sur del continente, y solamente nos queda orar por ellos y por nosotros que tenemos conciencia de sabernos expuestos a estas realidades.
*Cronista Oficial de Zapotlán el Grande.
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