martes, 18 de agosto de 2026

La universidad: entrar no basta

 



Víctor Hugo Prado



Esta semana comenzó el ciclo escolar 2026B en la Universidad de Guadalajara. Así, universidades públicas y privadas abren sus puertas a miles de jóvenes que llegan con una aspiración compartida: obtener un título profesional. Detrás de cada estudiante hay familias que depositan en la educación sus ahorros, sacrificios y expectativas, convencidas de que la universidad puede convertirse en una poderosa herramienta de movilidad social.




Pero ingresar a la universidad es apenas el primer paso.


Marco Antonio Fernández, en un artículo publicado este mes en Nexos, advierte que de cada cien niños que ingresan a la primaria en México, solamente 28 llegan a concluir la educación superior. Las razones son múltiples: necesidad de trabajar, dificultades económicas, abandono escolar, incorporación al crimen organizado o, sencillamente, aprendizajes insuficientes para enfrentar las exigencias de los siguientes niveles educativos. El problema comienza mucho antes de llegar a las aulas universitarias. Los resultados de PISA muestran que cerca de siete de cada diez estudiantes mexicanos de 15 años no alcanzan el nivel mínimo de desempeño en matemáticas. No hablamos de cálculos sofisticados, sino de capacidades elementales para resolver problemas cotidianos. ¿Cómo esperar entonces que todos ellos lleguen preparados a una carrera profesional?

Pero una vez dentro de la universidad tampoco basta con aprobar materias y acumular créditos. El título por sí mismo no garantiza conocimientos, competencias ni empleo. El estudiante necesita asumir una responsabilidad activa sobre su formación.

La universidad debe ofrecer programas pertinentes, profesores actualizados y metodologías eficaces. Pero el alumno también debe abandonar la actitud pasiva. Los aprendizajes basados en proyectos, el aula invertida y la gamificación son herramientas que pueden complementar la enseñanza tradicional y acercar al estudiante a problemas reales.
Si un programa académico no responde a las transformaciones del mercado laboral, habrá que buscar conocimientos adicionales. Si un profesor enseña contenidos que quedaron rezagados frente a las nuevas exigencias profesionales, el estudiante deberá complementar su preparación.

La universidad no puede entregar un profesionista terminado; puede proporcionar las herramientas para que cada persona continúe aprendiendo durante toda su vida.

El verdadero éxito universitario no debería medirse únicamente por cuántos jóvenes ingresan o se titulan, sino por cuánto aprenden, qué saben hacer y qué tan capaces son de transformar ese conocimiento en oportunidades profesionales.

Llegar a la universidad es un privilegio. Aprovecharla plenamente es una responsabilidad compartida.


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