Salvador Encarnación
Fue un aristócrata venido a menos. Caminaba acompañado de su bastón con el que tentaleaba, valga el decir, el piso para no caer. Era ciego. Nadie le preguntó el motivo de su enfermedad o el de su soltería. Pero él se encargó de comunicarlo. De lo primero, fueron las cataratas las que lo dejaron, no a oscuras, sino metido en un espacio lechoso que le impedía descifrar las cosas; la noche sí la percibía. De lo segundo, fue porque no encontró una mujer como su madre.
