martes, 11 de agosto de 2026

Regular las telecomunicaciones sin censurar la libertad

 



Víctor Hugo Prado


Partidos de oposición, empresas de telecomunicaciones, periodistas, académicos y organizaciones vinculadas con la defensa de la libertad de expresión han manifestado su preocupación por la iniciativa de Ley en Materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión enviada al Senado por la presidenta de la República. El debate no es menor: está en juego el equilibrio entre la legítima facultad del Estado para regular un sector estratégico y el derecho fundamental a la libertad de expresión.



Sus críticos la han denominado “Ley Censura” porque consideran que algunas de sus disposiciones otorgarían a la nueva Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones facultades excesivas sobre contenidos, medios y plataformas digitales. Entre las mayores preocupaciones se encuentra la posibilidad de bloquear plataformas cuando una autoridad lo solicite y establecer mecanismos de autorización para determinados contenidos de origen extranjero.

El problema no está en regular las telecomunicaciones. Todos los Estados democráticos lo hacen. El verdadero asunto es quién decide, con qué criterios, bajo qué controles y con qué recursos puede impugnarse una decisión gubernamental. Cuando una autoridad administrativa adquiere capacidad para determinar qué contenidos pueden difundirse o en qué condiciones, el riesgo no reside únicamente en el gobierno que hoy ejerce el poder, sino en el precedente que deja para quienes mañana lo ocupen.

El Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones ha advertido que la iniciativa podría representar una forma de censura sin precedentes, mientras que la Asociación Mexicana de Derecho a la Información ha cuestionado la contradicción de que una institución encargada de ampliar el acceso a las tecnologías pueda, al mismo tiempo, tener facultades para bloquear una plataforma digital.

También se han planteado posibles conflictos con compromisos internacionales asumidos por México, particularmente en materia de comercio digital y circulación transfronteriza de información. Si existen disposiciones que pudieran contravenir el T-MEC, deberán revisarse con rigor antes de convertirlas en ley.






Proteger a las audiencias, combatir la desinformación y garantizar un entorno digital seguro son objetivos legítimos. Pero ninguno justifica otorgar al poder público facultades discrecionales para silenciar contenidos incómodos.
La democracia no se fortalece cuando el gobierno decide qué podemos escuchar, leer o publicar. Se fortalece cuando existen reglas claras, autoridades independientes, tribunales eficaces y ciudadanos capaces de confrontar información y opiniones distintas.

Regular, sí. Censurar, nunca. Porque una libertad que depende de la autorización del poder deja de ser libertad.


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