miércoles, 9 de septiembre de 2026

Reconocimiento a Ricardo Sigala con motivo del XXXI Aniversario del Taller de Literatura de la Casa de la Cultura

 




Pedro Valderrama Villanueva*



Agradezco la distinción de participar en este acto de reconocimiento dedicado a la incansable labor de Ricardo Sigala. Nos reúne hoy la voluntad de honrar una trayectoria que ha enriquecido nuestro patrimonio cultural y literario, y que ha dejado una huella perdurable en lectores, investigadores y escritores.




Más que enumerar fechas y publicaciones —aunque inevitablemente lo haré—, vamos a repasar a vuelo de pájaro la obra que ha venido construyendo pacientemente a lo largo de más de 30 años y que, en buena medida, se ha materializado en el Taller de Literatura de la Casa de la Cultura en Zapotlán el Grande. Con ese propósito he preparado un breve texto que busca acercarse a algunos aspectos de su vida, de su obra y de su contribución a nuestras letras. Con su amable atención, procedo a dar lectura a estas páginas.


Referirse a la labor de Ricardo Sigala no es hablar de un escritor llegado al ámbito literario. Su trayectoria en las letras se inicia a finales de la década de 1980, cuando cursaba la licenciatura en Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Desde entonces, y de manera gradual, fue incorporándose al panorama cultural de esta ciudad hasta convertirse en una de sus voces más reconocibles. Este periodo coincide con el surgimiento de un relevo generacional de poetas y narradores importantes, que participaron activamente en numerosas revistas locales, donde muchos de ellos dieron a conocer sus primeros textos.


Sigala fue parte de ese momento de agitación creativa que, sin duda, influyó de manera decisiva en su visión y vocación literaria. Además, participó activamente en el efervescente panorama de los talleres literarios de la ciudad. En aquellos años, algunos de los principales laboratorios de creación en la capital jalisciense fueron los coordinados por Patricia Medina, Artemio González García y Raúl Bañuelos. Este último, fue quizá el más influyente durante el último decenio del siglo pasado y en los albores del actual en Guadalajara.


Las enseñanzas que Ricardo recibió en aquella época en la Perla Tapatía fueron decisivas para que, en 1995, aceptara la invitación para impartir, una vez por semana, el Taller de Literatura de la Casa de la Cultura de Zapotlán el Grande. Desde ese momento, ha dirigido de manera ininterrumpida este laboratorio creativo, que se ha convertido en el principal semillero de escritores que han ido surgiendo desde Ciudad Guzmán y sus alrededores. Prueba de la relevancia de este taller son los múltiples libros que Sigala ha dado a conocer en donde documenta la efervescencia literaria que se vive en dicha región en décadas recientes. Títulos como
Indicios. Atisbos de literatura actual en el sur de Jalisco (2021), Ahora. Jóvenes escritores del sur de Jalisco (2022), La invención del presente. Joven literatura de Zapotlán el Grande (2023), Sábado, diez de la mañana. El taller literario en voz de sus protagonistas, Decaedro. Diez rostros de la nueva literatura de Zapotlán el Grande (2024) y El juego de los espejos (2025), son volúmenes que dan cuenta del renovado impulso literario en la región.





Celebro la iniciativa de Ricardo por realizar trabajos como éstos, pues muchos futuros estudiosos seguramente también se lo agradecerán, ya que el estudio de la literatura regional poco a poco se está volviendo en un objeto de estudio por parte de académicos. Por fortuna, en Ciudad Guzmán, ya se cuenta con este material que seguramente apoyará el trabajo de futuros artículos, tesis y estudios venideros para conocer el engranaje del devenir de las letras del sur de Jalisco.


Por ejemplo, en su libro
Sábado, diez de la mañana, me queda claro que éste es además de un documento valioso para reconstruir el ambiente que se respiró tanto en dicho taller como en el medio literario de Zapotlán el Grande. También es una especie de libro homenaje por parte de los asistentes al Taller de Literatura de la Casa de la Cultura dirigido a su mentor. Leemos aquí muestras de gratitud a manos llenas a su organizador. En estas páginas nos percatamos de la importancia y trascendencia de los laboratorios literarios y el magnífico trabajo llevado a cabo por parte de Ricardo ahí. En dicho volumen encontramos las voces de los alumnos agradeciendo las horas cedidas desinteresadamente por parte de su maestro con la única intención de alimentar la imaginación y saciar la curiosidad de sus asistentes por medio de lecturas, consejos y la convivencia semanal. Me parece que “gratitud” es la mejor palabra para resumir este volumen. Sábado, diez de la mañana me parece, en especial, será indudablemente el libro que Ricardo siempre llevará muy cerca de su corazón. Ahí encontramos plasmada buena parte de su magisterio y las muestras de cariño por parte de sus alumnos. Creo no equivocarme al decir que éste es el mejor premio o reconocimiento que un mentor, como lo es Ricardo Sigala, puede recibir.





Por otra parte, además de ser un tallerista destacado, Ricardo es uno de los protagonistas del actual panorama literario de Jalisco, es un autor versátil que, a lo largo de más de tres décadas, ha cultivado con rigor la narrativa, la poesía, el ensayo y el periodismo cultural que ha plasmado en cerca de una decena de libros. Asimismo, Sigala no ha sido ajeno al ámbito de la investigación literaria, campo en el que, en años recientes, la región sur de Jalisco ha contado con un creciente número de estudiosos interesados en el pasado y el presente de sus letras. En este rubro, el autor se ha concentrado particularmente en la obra de escritores como Juan José Arreola, Vicente Preciado Zacarías y Guillermo Jiménez. En resumen, como se puede apreciar, Ricardo Sigala es hoy en día uno de los formadores de las fuerzas básicas de las letras en Jalisco. Este título se lo ha ganado a pulso a través de un trabajo constante que se extiende a 31 años. No me parece descabellado comparar su labor con otros grandes talleristas del pasado de Guadalajara como Elías Nandino y Raúl Bañuelos. Dos formadores que, a lo largo de varias décadas, guiaron a jóvenes escritores ansiosos por perfeccionar su oficio mediante el aprendizaje de técnicas de escritura y el descubrimiento de lecturas que nutrieran su vocación literaria.


Ricardo Sigala es, pues, uno de esos espíritus intranquilos, insaciables, es un joven maestro. Lo encuentro dentro de esa tradición de nuestros humanistas más destacados en Jalisco. Asimismo, Ricardo se ha vuelto en una figura tutelar, en particular, dentro de las letras de Zapotlán el Grande. Gracias, en buena medida, a su labor al frente del Taller de Literatura de la Casa de la Cultura, nuestro homenajeado se convirtió en el principal catalizador del renacimiento literario que Ciudad Guzmán experimentó tras su llegada y que, hasta la actualidad, continúa en pleno desarrollo.





En conclusión, Ricardo Sigala nos ha legado una obra vasta y diversa, que transita de la narrativa a los territorios de la poesía y vuelve de ellos enriquecida. Es autor de poemas de profunda sensibilidad, de ensayos que ofrecen agudas reflexiones sobre destacados escritores hispanoamericanos, así como de una labor sobresaliente como periodista cultural e investigador. A ello se suma su faceta de tallerista consumado, que revela una dimensión adicional de una trayectoria literaria en constante crecimiento. Enhorabuena, Ricardo.



* Texto leído el miércoles 9 de septiembre en el Patio Central del Congreso del Estado de Jalisco.



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