Fernando G. Castolo*
La
avenida de La Reforma, en Ciudad Guzmán, se proyectó en la segunda
mitad del siglo XIX para albergar a la nueva aristocracia zapotlense.
Su diseño respondió a los esquemas en boga en la época. Sí, esos
trazos urbanos inspirados en la hermosa ciudad de París, la cual
causó una gran impresión en el entonces Presidente Porfirio Díaz.
Bajo la máxima de la vanguardia estética en ese movimiento
económico-social impulsado por el propio Díaz, se imitó la bella
vía de los Campos Elíseos; entonces nace la Avenida de la Reforma
en la Ciudad de México, con sus camellones ajardinados y sus
monumentos evocativos a esta etapa de la vida nacional. Poco a poco
se construyeron hermosos chalets en su entorno, adoptando novedosas
formas de vivir la ciudad.
Haciendo eco de ello, en
Guadalajara nace la Avenida Lafallette (hoy Chapultepec), inspirada
en aquella cosmopolita visión porfirista. En Ciudad Guzmán nace la
Avenida de La Reforma, con sus camellones igualmente ajardinados,
edificándose eclécticas residencias pertenecientes a linajes como:
Villanueva, Arias, Vergara e Hinojosa, entre otros.
El trazo
de nuestra Avenida de La Reforma se diseñó con un remate visual
imponente: la cúpula de la nueva Parroquia (hoy Catedral), hacia el
oriente. En cambio, hacia el poniente, el remate visual lo completó
la vieja Iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón (templo
colapsado en el temblor de 1911), en el espacio que hoy ocupa el
Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.
Con
el transcurrir del tiempo, la Avenida de La Reforma perdió ese
encanto que fascinó a propios y extraños en el siglo decimonónico;
sin embargo, hoy, tenemos una arteria completamente comercial, donde
el bullicio y deambular de vecinos y fuereños hacen que siga
conservando su impronta, más allá de épocas y
fronteras.

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