Fernando G. Castolo*
Durante las décadas de los años sesenta y setenta la ciudad experimentó una radicalización en su conformación urbana. Las inspiraciones del movimiento vanguardista y la presencia de profesionales de la arquitectura resuelven conceptos que modifican el añejo rostro de la ciudad. Empiezan a aparecer en el paisaje inmuebles con materiales revestidos en aparente y caprichosas cubiertas hiperbólicas.
En 1960 apertura sus servicios el Centro Normal Regional, en un inmueble que se encuentra a la altura de las expectativas del diseño universal. El espacio destinado es la zona poniente de la mancha urbana, en los antiguos campos de Santa Rosa (en la época terrenos ejidales). Su Teatro Cerrado es una novedad que fascina a propios y extraños.
Enseguida, hacia 1963, inicia servicios el Hospital de Zona del IMSS, al norte de la ciudad, con líneas que igualmente rompen con todo lo concebido en el entorno, cuyas peculiares cubiertas dobladas la hacen única.
El antiguo kiosco de la plaza principal se diseña en 1970, con elementos de un estilo que ya dejaba de ser novedoso para la época; el kiosco se hizo famoso por su diseño en la cubierta en hiperbólica. De la misma época es el Palacio de Gobierno Municipal, con sus regias columnas cuadradas forradas en cantera, y una fachada de líneas limpias. Ambas propuestas arquitectónicas hoy en día desaparecidas parcialmente.
Había, en aquellos años, un entusiasmo por posicionar a Ciudad Guzmán como la metrópoli más importante y moderna de Jalisco después de Guadalajara. El proyecto fue ambicioso pero se quedó corto. A pesar de ser una Ciudad, prevalece en el imaginario la idea provinciana de ser pueblo y, en parte, ello produce el inminente descalabro a la ambición de la comunidad. Ahí se hace evidente aquella franca frase de Arreola: "... pero nosotros somos tan pueblo, que todavía le decimos Zapotlán…".
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