Fernando G. Castolo
Alguna
vez Vicente Preciado Zacarías comentó, en amena charla, que los
grandes personajes de nuestra historia siempre están envueltos en un
halo de misterio, sea en sus orígenes, en su vida o en sus partidas.
Estos creadores, asistidos de extraordinarias cualidades, en sus
luces guardan sombras que no nos permiten visualizar el gran
contenido humano que poseen.
Así, por ejemplo, para Preciado Zacarías siempre prevaleció la duda de la misteriosa muerte de la escritora zapotlense María Cristina Pérez Vizcaíno. Él nunca abrazó la versión "oficial" de los hechos, y que conste que fue toda una autoridad en el estudio de su vida y de su obra.
Otro caso, el del compositor Rubén Fuentes Gasson, es hora en
que nadie ha localizado su acta de nacimiento y, cuando menos,
podemos asegurar que en Zapotlán el Grande no se encuentra. Así,
pues, salta nuevamente el misterio en torno al poeta Roberto Espinoza
Guzmán, quien fue registrado de forma extemporánea en la localidad
de Zapotiltic, Jalisco, donde su madre doña Ma. Dolores Guzmán
Jiménez lo presentó y reconoció el 20 de mayo de 1954 (días antes
de su matrimonio con Virginia Arreola Zúñiga), y dijo que el joven
que presenta vivo se llamará Roberto Espinoza Guzmán, que nació el
6 de agosto de 1926 en la casa marcada con el número 118 de la calle
Francisco I. Madero de la propia Zapotiltic.
Este dato
revelador nos vuelve a demostrar la teoría de Vicente Preciado
Zacarías, sobre estas sombras que acechan la vida y la obra de las
mujeres y los hombres que son un orgullo para la antigua Zapotlán el
Grande.
Ciertamente, existen hijas e hijos que hemos abrazado
con nuestra benevolente maternidad; en cambio, existen otros que
niegan este rincón geográfico, porque en su grandeza no se permiten
esas pequeñeces.

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