viernes, 13 de marzo de 2026

Lengua escrita. La valoración de la ortografía en las redes sociales

 



Rosa Mata


Entendemos por ortografía el conjunto de reglas cuyo objetivo es regular y estandarizar la lengua escrita, o al menos una variedad de ésta. La ortografía está presente en nuestra vida desde la infancia, suele ser parte importante de la enseñanza básica de la lengua, bajo la justificación de un objetivo bueno e inocente: facilitar la comprensión de los textos. Sin embargo, llaman la atención los debates alrededor de la ortografía a lo largo de la historia, incluida en este grupo la controversia actual de la ortografía en redes sociales, no como facilitadora de la comprensión, sino como argumento con el que se pretende ganar discusiones, o demostrar superioridad intelectual respecto al usuario con el que se debate.



Aunada a la consideración de una ortografía perfecta como argumento irrefutable, se encuentra la idea de ésta como característica determinante sobre la aptitud de una persona para desempeñar un cargo. Ejemplo de esto es el caso de Nadia López, quien en las últimas semanas recibió el nombramiento como titular de la Dirección General de Materiales Educativos (DGME) de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Tras la llegada de la escritora y pedagoga mixteca al cargo, se difundió en redes su tesis de licenciatura, en la que se señalaban supuestos errores de ortografía, la exposición del documento generó comentarios inmediatos sobre la “ineptitud” de Nadia para asumir el rol.

Casos como el anterior llevan a la mención de la ortografía como un instrumento racista y clasista. ¿Por qué se dice que la valoración de la “buena ortografía” y la relación que suele establecerse entre ésta y un intelecto sobresaliente es racista y clasista?, en primer lugar, porque suele pasarse por alto la lengua materna de quien escribe en español, en un contexto multilingüe como el mexicano, muchas personas que utilizan el español escrito en redes sociales, o entornos académicos, tienen una lengua materna distinta al español; segundo, porque la lengua escrita, así como el cumplimiento de las reglas que la rigen, requieren de formación, de acceso a espacios educativos, de cursos extracurriculares, de tiempo, estructura social y dinero para una instrucción de calidad.




Las investigaciones que toman a la ortografía como objeto de estudio son numerosas y se realizan desde distintos enfoques, uno de ellos es el campo ideológico, en el que se analizan las ideas de los usuarios alrededor de la ortografía y su función social. Este tipo de trabajos, como el de García Folgado (2014) sostienen que “en la génesis de la ortografía de una lengua, esta suele erigirse, casi de manera automática, como marcador de «clase social», de «instrucción formativa», de «prestigio» (tanto social como lingüístico), incluso como indicador de «privilegio»”.

El presente texto no es una postura en contra de la ortografía del español y sus reglas, sino una invitación a tener siempre presente que en casos como el de Nadia, o las discusiones en redes sociales, las faltas de ortografía no son un medidor objetivo del intelecto o la aptitud del hablante, sino el reflejo de fenómenos sociales y lingüísticos complejos que nos llevan a caer en el prejuicio.



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