martes, 17 de marzo de 2026

La rebelión de los aliados

 



Víctor Hugo Prado



Hace apenas una semana ocurrió algo inédito desde que la alianza Morena-PT-PVEM llegó al poder federal: los aliados del partido gobernante rechazaron una propuesta de reforma constitucional impulsada desde la propia Presidencia. La iniciativa electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum fue frenada no por la oposición, como cabía esperar, sino por la fractura del bloque oficialista.



La propuesta obtuvo 259 votos a favor de los 494 diputados presentes, muy lejos de los 334 necesarios para alcanzar la mayoría calificada que exige una reforma constitucional. Faltaron 75 votos para modificar las reglas del sistema electoral mexicano. Hasta ahí, el dato podría parecer simplemente una derrota legislativa más. Sin embargo, el fondo político es mucho más revelador.

La oposición integrada por PAN, PRI y MC votó en contra tal como lo había anunciado. Lo verdaderamente significativo fue la ruptura dentro del oficialismo. Morena, que cuenta con 253 diputados, sólo logró que 246 respaldaran la iniciativa; tres votaron en contra y cuatro se abstuvieron o se ausentaron. Pero el golpe decisivo provino de sus aliados. De los 62 legisladores del Partido Verde Ecologista de México, apenas 12 apoyaron la reforma. En el caso del Partido del Trabajo, la ruptura fue prácticamente total: de sus 49 diputados, sólo uno votó a favor.

¿Por qué una rebelión de tal magnitud? La respuesta se encuentra en el corazón del sistema electoral: las diputaciones de representación proporcional. La reforma proponía modificar el mecanismo mediante el cual se asignan estas curules, privilegiando el porcentaje de votación obtenido por los candidatos en sus distritos, incluso si no ganaban la elección. Con ello, se buscaba reducir el peso de las listas definidas por las dirigencias partidistas.

Para partidos pequeños, este cambio tocaba una fibra sensible. Como ha señalado el analista Gabriel Torres, en el Heraldo de México, “la representación proporcional no es simplemente un mecanismo de pluralidad: es el núcleo de su supervivencia política. Su presencia en el Congreso depende mucho más de las listas plurinominales que de triunfos directos en las urnas”.





Durante décadas, esas listas se han convertido en un verdadero botín político administrado por las élites partidistas de prácticamente todos los partidos. Las dirigencias deciden quién ocupa los primeros lugares y, por lo tanto, quién tiene asegurado un escaño. En no pocas ocasiones, esos espacios terminan ocupados por cercanos, aliados o cuadros cuya lealtad se premia con una curul.

La reforma buscaba alterar esa lógica al trasladar parte del poder de decisión desde las cúpulas partidistas hacia los resultados electorales. Hoy ganaron las oligarquías partidistas que conservaron intacto el control del botín proporcional.

Ahora se anuncia un “plan B”. La pregunta es inevitable: ¿será una reforma que fortalezca la representación ciudadana o sólo otra negociación para preservar los equilibrios del poder político? La respuesta definirá si la derrota legislativa fue un tropiezo momentáneo o la señal de los límites reales del cambio político en México.


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