Por
el hecho histórico de que en México habrá por primera vez una
mujer que será la jefa del ejecutivo federal se han escuchado
opiniones divergentes de cómo se le debería de dar el tratamiento
de tal; es decir, que cuando hablemos de ella o apelemos a ella se le
debe referir como presidente
o mejor sería llamarla presidenta.
En consecuencia he decidido escribir en esta ocasión sobre el género
de esta palabra desde mi perspectiva, que no soy político sino
especialista en el uso de la lengua.
Quiero
decir que lo que a continuación explique está relacionado con el
uso correcto de la lengua y lo que diré no está movido por una
mentalidad política o ideológica, ni pretendo enmendarle la página
a ningún político ni es mi deseo es dar lecciones de “lenguaje
incluyente” que, por otro lado, esto último (digo, hablando del
uso correcto de la lengua, no de ideologías políticamente
correctas) me parece una pifia.
Como
ya he explicado en otra ocasión,
en español existen cuatro géneros: común, ambiguo, epiceno y
neutro, aparte de los más usados: masculino y femenino. También
sabemos que la mayoría de los sustantivos y adjetivos construyen
estas dos últimas formas, con la desinencia “a” u “o” (niña,
niño). También es sabido que muchos sustantivos sólo tienen una de
estas dos formas, ya sea la masculina (médico) o la femenina
(cámara) y cuando es necesario atribuirle el otro género que no
quedó marcado por la vocal, se acostumbra anteponer el articulo para
señalar que en ese caso específico nos referimos al otro género,
al no habitual o lógico; así es como podemos decir: La
médico
me mandó hacer unos estudios de laboratorio o El
periodista
hizo un reportaje muy revelador.
Pues
bien, en este último orden de ideas se apoyan quienes sostienen que
Claudia Sheinbaum es La
presidente de la república.
Bueno y pase porque está bien hecha la inferencia y así se procede
en muchos casos como los ya referidos de médico
y periodista.
No obstante, quienes insisten en darle el tratamiento de tal manera
omiten dos importantes consideraciones: los neologismos y el aspecto
consensual del uso de la lengua. Explicaré brevemente estos dos
aspectos para demostrar que, quienes incorporan estos dos a su manera
de ver el fenómeno no están faltos de razón; por el contrario, la
tienen y es tan legítima esta manera de usar el sustantivo como
quienes prefieren el tradicional la
presidente.
Los neologismos, es una manera muy creativa y válida de construir nuevas palabras que resuelven una carencia léxica y que mientras estas construcciones se apeguen a la regularidad del idioma y repongan una palabra faltante, es legítimo y válido inventarlas. En aquella ocasión explicaba la palabra mexiquense, neologismo que resolvió la carencia del gentilicio para los originarios del Estado de México, y como la construcción se apega a la lógica y estructura de nuestra lengua debe ser bienvenida, como lo es. Y tan es así que ha terminado por generalizarse y hasta en diccionarios extranjeros, como el DRAE, ya se la incluye. Por otro lado, explicaba que un neologismo inválido es influenciar, pues está mal construido y no resuelve una carencia pues ya existe influir (que por ciertos ha sido desplazado poco a poco por los usuarios inexpertos y esnobs de nuestra lengua).
Por
otro lado, existe el aspecto consensual del uso de la lengua que
consiste en que cualquier uso o forma o construcción o significado,
en fin, en una palabra: cualquier nuevo fenómeno morfológico o
sintáctico debe pasar por el tamiz de la aceptación de la mayoría
de los usuarios del idioma. Si la palabra o la estructura gramatical
nuevamente introducida no es aceptada por la mayoría, por muy buena
y bien intencionada que esté, simplemente no funcionará. Tal es el
caso de ombudsman
que no ha sido bien recibida y aunque desde ciertas posiciones de
prestigio social o cultural se la ha tratado de naturalizar, la
mayoría de los usuarios simplemente son indiferentes y estoy seguro
que terminará por desaparecer del todo (que, por cierto, siempre ha
sido raquítico su uso). Y ya no digamos términos que no sólo no
son aceptados, sino que concitan el franco rechazo de muchísimos
usuarios, como le sucede a la palabra compañere,
entre otras.
Pues bien, el sustantivo presidente se agrupa entre aquellos que inicialmente sólo tenían la forma en masculino y que por ello se suelen usar anteponiéndole el artículo la, cuando se quiere usar en femenino (que, además hay que decirlo, son muchísimos). Tal es el caso de juez, que en femenino se suele usar “la juez”, y lo mismo sucedía (pero se ha ido desechando) con términos como doctor. Por ejemplo, en el caso de esta última palabra ya nadie, opino yo, duda en usar la forma doctora y todo mundo se decanta por utilizarla así y han desechado la doctor. Y otro tanto le pasó al neologismo la gobernadora, que terminó por desplazar, al prácticamente olvidado, la gobernador. Y vamos para largo: regenta, pintora, curadora, veterinaria, profesora, jefa, afanadora, conductora.
Este
es un fenómeno tan natural y concomitante a nuestro idioma que
también lo hemos hecho a la inversa, es decir, que convertimos
sustantivos que inicialmente eran sólo femeninos a masculinos,
posponiéndoles la “o”;
así sucede con paloma/palomo.
Y aunque, ciertamente, es menos frecuente, sin duda se usa y son bien
aceptados por los hablantes de nuestra lengua.
Debo reconocer, y con ello voy concluyendo, que ha habido resistencia para aceptar algunos sustantivos en masculino a los que simplemente se les agregue la “a”, tal es el caso de jueza o médica o sastra. Pero no es el caso de presidenta, porque ya hace mucho tiempo que su uso ha aparecido, y como hace también mucho tiempo que hemos aceptado otros similares como doctora o profesora, pues resultará que terminará por generalizarse y los que se oponen y persisten en usar y proponer el uso de “la presidente Claudia Sheinbaum” están destinados a recibir un palmo de narices; y dado el caso serán motejados de necios. Así que yo les recomiendo que se queden callados porque harán el ridículo cuando en las ceremonias oficiales la llamen presidente.
*Doctor en literatura española. Imparte clases en la carrera de Letras Hispánicas en la UdeG, Cusur. ramon.moreno@cusur.udg.mx
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