Decidimos
poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de Dios, como
nosotros lo concebimos.
Por
deseoso que se esté de hacerlo, ¿exactamente cómo puede uno poner
su voluntad y su vida al cuidado del Dios que crea existir? En mi
búsqueda de la respuesta a esta pregunta, llegué a apreciar la
sabiduría con la que el Paso fue escrito: es un Paso de dos partes.
Podía ver que en mis días de bebedor había muchas ocasiones en que
debería haber muerto o, al menos, debería haber sido herido; pero
esto nunca sucedió. Alguien, o algo, me estaba cuidando. He decidido
creer que mi vida siempre ha estado bajo el cuidado de Dios. Sólo Él
dispone el tiempo que se me concederá hasta la muerte física. El
asunto de la voluntad (la voluntad de Dios o la mía) es la parte del
Paso que es más difícil para mí. Solamente cuando he
experimentado suficientes dolores emocionales, por medio del fracaso
de mis intentos de repararme a mí mismo, puedo llegar a estar listo
a someterme a lo que Dios tiene dispuesto para mí. La sumisión, la
entrega, es como la calma después de la tormenta.
Cuando mi voluntad está conforme con la voluntad de Dios, hay paz interior.


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