Homero
Aguirre Enríquez
La
Ciudad de México debiera ser el testigo más elocuente de que el actual
presidente de la república y los aspirantes a sucederlo merecen permanecer en
el poder porque tienen un modelo viable para colocar “primero a los pobres”.
Cuando se les preguntara cuáles han sido sus principales resultados en combatir
la pobreza, la desigualdad y la violencia que pregonan como bandera, debieran
responder señalando los logros de sus respectivas gestiones como gobernantes de
la capital del país, cuyo gobierno y cuantiosos recursos han tenido en sus
manos desde diciembre de 1997 hasta la fecha, casi 25 años. Pero no pueden
presumir logros inexistentes.