Pedro Valderrama Villanueva
Cuando
nos referimos a la literatura del sur de Jalisco, por lo general,
pensamos en Zapotlán el Grande, Sayula, Autlán y San Gabriel,
olvidándonos de otros municipios como Atoyac, Tonila y Zacoalco.
Cada uno de estos, y otros más, también, en diferentes momentos,
han sido cuna de escritores notables o escenario de obras literarias.
Algo similar ocurre con Tapalpa.
Desde inicios de los años dos mil, mis visitas regulares a este municipio, por curiosidad y, en otras ocasiones, por compromisos familiares de mi esposa, este poblado me cautivó por la belleza de sus alrededores y, además, por sus enigmáticas calles y su arquitectura tan particular. La curiosidad, en una ocasión, me llevó a preguntarle, durante una visita, a un pariente cercano de mi esposa, un inquieto por las cuestiones librescas, referente a los literatos oriundos de T apalpa. La sorprendente respuesta que recibí de su parte fue que no había relación alguna entre Tapalpa y las letras. Sin embargo, no conforme con la respuesta, comencé con mis propias indagaciones.
Pronto
me enteré de la existencia del escritor Cipriano Campos Alatorre
(Tapalpa, Jalisco, 1906-Tenancingo, Estado de México, 1934), a
través de una edición de Los
fusilados
(1934), donde descubrí que además de desempeñarse como maestro de
primaria en Michoacán y el Estado de México, fue autor de una obra
relativamente reducida y quien dejó una huella en las letras de la
capital mexicana en los años treinta. Campos Alatorre fue un
narrador admirado en su momento por intelectuales de la talla de
Efrén Hernández y Salvador Novo. A pesar del olvido en el que aún
se encuentra, en Guadalajara, a mediados de la década de 1970, fue
editado el libro Seis
cuentos…y un fragmento de novela,
de Campos Alatorre, por El Colegio Internacional.
Otro
material referente a un escritor oriundo de Tapalpa es Crepúsculo
de olvido
(2023), una plaqueta dedicada a reconstruir la vida del poeta Raúl
Quintero (Tapalpa, Jalisco,1896-Guadalajara, Jalisco, 1935),
realizado por Salvador Encarnación. Éste es el primer intento por
adentrarse en la breve e intensa vida de Quintero. Anteriormente, en
1977, El Colegio Internacional dio a conocer Poemario,
que, además de reunir buena parte de su obra dispersa, incluye una
introducción, escrita por Heinrich Stadherr, con datos valiosos
sobre la vida de Quintero. Sin embargo, Salvador Encarnación va más
allá. El autor recurre a importantes fuentes de información, como
el periódico El
Informador,
para ofrecer un bosquejo más preciso de la vida de Raúl Quintero
como estudiantes, profesor y el lamentable ocaso de su existencia.
Encarnación ofrece en su volumen un retrato sobre sus años mozos
como estudiante en la Escuela Normal de Profesores y la inquieta vida
cultural de las décadas de 1920 y 1930 en Guadalajara.
No se
puede dejar de lado, desde luego, la presencia latente entre Juan
Rulfo y Tapalpa y, en general, la región sur. Con respecto a este
escritor, al consultar el Diccionario
de la obra de Juan Rulfo
(2007), elaborado por Sergio López Mena, no se encuentra una sola
referencia con respecto a la obra del sayulense y Tapalpa. Sin
embargo, localmente, es común asociarlo con las ruinas de la
hacienda de la Media Luna, ubicada a varios kilómetros de la
cabecera municipal, y donde se cree y se dice, al menos por parte de
los tapalpenses, que fue el escenario que inspiró la escritura de
los libros El
llano en llamas
(1953), Pedro
Páramo
(1955) y El
gallo de oro
(1980).
Se tiene conocimiento, asimismo, de al menos dos
libros cuyas historias están ambientadas en Tapalpa y sus
alrededores. Se trata de la novela Camino
a Tapalpa
(1977), de Carlos Palacios Novoa, un autor de quien prácticamente
nada se sabe. En cuanto al anécdota de la novela, de estilo ameno y
descriptivo, Luis Manuel Portilla, en la respectiva introducción,
escribe: “El argumento nos presenta la semblanza de un aristócrata
a la vieja usanza, que ha vivido en la capital del país derrochando
sus bienes y que pretende reconstruir el perdido patrimonio mediante
el matrimonio de su único hijo una mujer rica, y la reacción del
hijo que está por terminar su carrera de ingeniería y que negándose
a tales maniobras, abandona el hogar sin previo aviso para
trasladarse a la provincia”.
Por su parte, Gregorio
Gutiérrez López, escritor nacido en Sayula, Jalisco, en 1922, es
autor del libro Narraciones
y cuentos de la Sierra de Tapalpa
(2015). Anteriormente, Gutiérrez López dio a conocer Lodo
en el ejido
(1965), El
caso del Dr. Suerte
(1966), El
mundo de los huicholes
(1976) y Valentín
de la sierra
(1971). A través de los doce textos incluidos, el narrador ofrece
cuadros de costumbres y estampas de la gente que habita en la sierra
y los alrededores del poblado. Por ejemplo, en “Lodo en el ejido”,
Gregorio Gutiérrez nos cuenta la historia desafortunada de Antonio
Salazar, quien vive una decepción amorosa por Isabel, una asediada
joven con quien logra contraer matrimonio, solo para que, poco tiempo
después, lo orille a abandonar su pueblo, a raíz de la excesiva
codicia de la mujer, y migrar al país del norte. Finalmente, después
de varios años, regresa a su terruño sólo para hallar la tierra
que con tanto sacrificio trabajó y a la mujer en las manos de un
antiguo rival. Sirvan,
pues, estas escuetas líneas como una primera aproximación para
acercarnos al tema de la literatura y su relación con uno de los
poblados más enigmáticos del sur de Jalisco. No me cabe la menor
duda de que existen otros escritores provenientes de Tapalpa y libros
de cuentos y novelas cuyas historias tienen una relación estrecha
con este municipio; pero esta tarea se la dejo a los estudiosos y a
los aficionados a las letras de allí y de sus alrededores. Así como
Tapalpa, otros poblados de la región también esperan pacientemente
que se descubran plumas del pasado y sus historias relacionadas con
estos. Una vez que contemos algún día con este valioso conocimiento
estaremos cada vez más cerca de conocer el verdadero mapa literario
de Jalisco.
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Me gustó mucho cómo rescata la presencia literaria de Tapalpa y le da su lugar dentro de la cultura Jalisciense. Además, con un lenguaje muy ameno, nos invita a valorar la riqueza histórica y creativa de nuestro municipio. En hora buena, por este texto que despierta curiosidad y orgullo por la literatura regional.
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