Fernando G. Castolo*
El
Registro Civil, nacido a partir de lo asentado en la Constitución de
1857, derivando de ahí las llamadas Leyes de Reforma, es una
institución que suple las acciones eclesiásticas que, en el caso de
Zapotlán el Grande, desde 1860 inicia con el registro de las
diversas acciones de vida, conformando una estadística que se
traduce en la radiografía social de la comunidad.
En los
contenidos de los diversos actos registrables
se anotan datos como el
nacimiento y antecedente de padres y abuelos, su actividad económica,
el origen y vecindad, su raza, su religión, su circunstancia de vida
en general... Coadyuvando de esa manera a testimoniar la conformación
social de la ciudad.
Sabemos, por los documentos que
salvaguardan esta memoria, que su trascendencia se evidencia al ser
fuente fidedigna para construir la genealogía de linajes, con su
origen y su establecimiento. Estas fuentes son veneros de agua clara
que evidencian la confirmación de apellidos, familias y abolengo,
destacando la presencia de actores clave que fueron determinantes en
el desarrollo del particular rostro de los zapotlenses.
El
Registro Civil más que llevar estadísticas, abraza con solidaridad
los sentimientos que ventilan el estado de ánimo al celebrar el
nacimiento, al entusiasmar el matrimonio, al revelar realidades en el
divorcio y al redactar con resignación las defunciones. En todas las
etapas de la vida, el Registro Civil es el constructor de la vida
documentada de todo un pueblo que ha realizado sus diversos trámites
en estos más de ciento cincuenta años de otorgar certeza jurídica
en la personalidad de todas y todos.
En el Registro Civil se
humaniza la dimensión del servicio al semejante, sabiendo que sus
mortificaciones requieren de una solución expedita y cordial. La
historia trascendente de nuestra comunidad se custodia con el celo
que se merece a través del Registro Civil.
*Cronista de Zapotlán el Grande.

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