miércoles, 28 de octubre de 2026

Elecciones, legisladores y Donald Trump

 



Mtro. Jesse Martínez


El martes 3 de noviembre se eligen en Estados Unidos los 435 integrantes de la Cámara de Representantes y 33 senadores, además de gobernadores en 36 estados. Aunque Trump no aparece en la boleta, estos comicios funcionan como una evaluación de su mandato y, sobre todo, como una radiografía en tiempo real de la transformación política de la sociedad estadounidense. No se trata solo de quién controla el Congreso durante los dos años que le quedan a su presidencia; se trata de qué país está emergiendo detrás del alboroto electoral.



Los republicanos llegan con mayorías estrechas en ambas cámaras. La economía y la inflación, la migración y la política exterior, y la popularidad del presidente son los tres factores que han atraído especialmente la atención. El electorado elegirá entre seguir dando aprobación a las políticas y decisiones de Trump o, contrariamente, ponerle límites y hasta obstaculizar su gestión. Y aquí conviene recordar algo que suele olvidarse: en Estados Unidos el presidente no es todopoderoso; está limitado por el poder legislativo, el judicial y las atribuciones propias de los estados.

Si el Partido Demócrata obtiene la mayoría y logra controlar las cámaras, pueden esperarse investigaciones sobre conflictos de intereses, política migratoria y abuso de las facultades presidenciales, además de acciones para pedir cuentas a funcionarios del gobierno federal y hasta a empresarios cercanos al presidente. Unas cámaras controladas por los demócratas serían un obstáculo de mucho peso para la política autoritaria del presidente estadounidense. El Senado, en particular, podría bloquear nombramientos, financiamiento militar, gasto público, deuda y la guerra con Irán. Trump tiene alternativas para avanzar, pero de una manera más desgastante y costosa políticamente.

Según los análisis y estimaciones de la agencia noticiosa Reuters, existen fuertes posibilidades de que los demócratas recuperen la Cámara de Representantes, mientras que los resultados en el Senado tienen alta incertidumbre. Los escenarios son variados y, de cierta manera, proyectan el germen de lo que serán las elecciones presidenciales de 2028.

El peor escenario para Trump es que los demócratas se lleven ambas cámaras. Sería un enfrentamiento frontal entre el poder legislativo y el ejecutivo: el gobierno federal seguiría operando, pero su desgaste ante los legisladores sería máximo, incrementando una polarización política que ya es una realidad en Estados Unidos. Trump tendría que cargar con ese fracaso electoral durante dos años, hasta el final de su periodo.





Si los demócratas consiguen la mayoría solamente en la Cámara de Representantes, la administración trumpista tendría que lidiar con una continua vigilancia y escrutinio, y se vería forzada a atender un desgaste que podría tener un costo mayor en las siguientes elecciones. Pero, sobre todo, daría una mayor proyección a la oposición interna, fortaleciendo a perfiles y liderazgos demócratas dentro del Congreso que están en guerra abierta con el presidente. En su afán de defensa o ataque, Trump podría potenciar el protagonismo de figuras demócratas en ascenso, siendo a la larga contraproducente para el partido republicano.


Para Trump, el escenario óptimo es que los republicanos ganen ambas cámaras. Tendría todas las condiciones para impulsar su agenda e, incluso, incrementar la ambición de sus decisiones en temas controvertidos. Pero aquí aparece la paradoja que define su lugar en la historia reciente del Partido Republicano: cuanto más poder adquiere, más difícil se vuelve sustituirlo. Ya no podrá competir en las siguientes elecciones, y el gran poder que concentraría tendría que ser manejado muy prudentemente para no dinamitar a su partido y a sus aliados con divisiones internas por la sucesión. Trump es hoy la mayor fortaleza del republicanismo y, al mismo tiempo, su mayor riesgo de futuro: un partido que no logre renovarse después de él quedará atrapado en su sombra, sin liderazgo propio y sin proyecto que lo trascienda.


Más allá de Donald Trump como presidente, estas elecciones serán la radiografía en tiempo real de la transformación política en la sociedad estadounidense. Las distintas elecciones que se realizan a la par mostrarán realidades económicas, sociales y demográficas que cada vez son más complejas en una población diversa. Es muy posible que existan “picos” de votación republicana y demócrata, condados, distritos y estados que se atrincheran en cierta tendencia política y otros que son sumamente competidos. El mapa de los resultados electorales mostrará el trasfondo de un país que empieza a redescubrirse en su identidad nacional y el papel que desempeña en la trama internacional.


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