Día del Sonajero Coloquio de “Danzas y Sones del Sur de Jalisco: una tradición de largo aliento” Homenaje a Don Nicolás Hernández de la Cruz
-El
encuentro reunió a danzantes, investigadores, músicos y promotores
culturales en torno a las tradiciones vivas del Sur de Jalisco.
Carlos
Axel Flores Valdovinos
En
el marco de la Fiesta en Honor a Señor San José de Zapotlán, la
Casa de la Cultura fue sede de la conmemoración del Día de la
Nación Pluricultural y el Día del Sonajero, una jornada dedicada al
reconocimiento, la preservación y la difusión de las danzas
tradicionales del Sur de Jalisco.
El encuentro se desarrolló
mediante el coloquio “Danzas y Sones del Sur de Jalisco: una
tradición de largo aliento”, coordinado por el director de la Casa
de la Cultura, Mtro. Pedro Mariscal, y José Luis Rodríguez, de
Socialismo Democrático y de la Red de Creadores, Educadores y
Promotores de la Cultura y las Artes de Jalisco.
Cabe
reconocer que este evento fue desarrollado por el Mtro. Carlos Axel
Flores Valdovinos, quien realizó el diseño de cartel, planeación,
estructura y programación de dicho homenaje, contando con el apoyo
de colectivos independientes como el Colectivo Alasletras, y con la
asesoría de Saúl Luis Juan Seda, del Colectivo Multicultural
Zapotiltic, además de la colaboración solidaria de representantes
de diversas agrupaciones de danzantes como Don Porfirio de la Cruz
Lucas y de la Unión de Comunidades Indígenas Nahuas de Tuxpan,
asimismo con el apoyo mutuo del Taller de Alfarería Solano a cargo
de Guillermo Solano.
Cabe reconocer la presencia de
distinguidas personalidades del medio cultural como la regidora
Marisol Mendoza Pinto, Mtro. Cayetano Chávez Villalvazo, Víctor
Mendoza (investigador de Tuxpan), Sra. Martha López y familia
(donantes de las Décimas a Señor San José), Sra. Feliciana Flores
y Salvador Morán de la Unión de Comunidades Indígenas Nahuas de
Tuxpan, Jalisco, entre otros medios de difusión como Fe y Tradición,
Canal 4 de Zapotlán, Reporte Sur de Jalisco, InfoGuzmán, entre
otros.
Uno de los momentos más significativos fue el
homenaje a Don Nicolás Hernández de la Cruz, integrante de la Danza
Arribeños del Gallito, en reconocimiento a sus 77 años de
trayectoria como danzante y jefe de cuadrilla. La distinción se
realizó en el marco de los 210 años de tradición de esta
agrupación, cuyo origen se remonta a 1816.
El reconocimiento,
impulsado por Carlos Axel Flores Valdovinos, contó con el apoyo del
Taller de Alfarería Solano, a cargo de José Guillermo Solano, quien
donó una escultura artesanal de barro elaborada en representación
del homenajeado. Esta pieza constituye un testimonio del valor del
trabajo artesanal y de la colaboración entre los creadores y las
expresiones tradicionales de la región.
DIÁLOGO
ENTRE TRADICIÓN, INVESTIGACIÓN Y COMUNIDAD
La
jornada comenzó con la ofrenda y danza ritual de la Danza Azteca
Izcalli Calpulli, dirigida por Roberto Solano, que ofreció un
espacio de encuentro con las expresiones ceremoniales y espirituales
de los pueblos originarios.
Posteriormente, se inauguró la
“Muestra de Décimas Josefinas”, integrada por los Devotos del
Enroso a Señor San José (2025), de la familia Flores Ventura. La
exposición, presentada por Carlos Axel Flores Valdovinos, fue
posible gracias a la donación de la señora Martha López y su
familia, quienes contribuyeron a preservar y compartir una
manifestación de la tradición festiva y devocional de Zapotlán.
El
coloquio se desarrolló en dos mesas de diálogo. En la primera
participaron Don Porfirio de la Cruz Lucas, representante de la Danza
de Sonajeros Arribeños; la Dra. Enriqueta Valdéz Curiel,
investigadora de la Universidad de Guadalajara, y la poetisa Norma de
la Cruz Ignacio. La mesa fue moderada por el Mtro. Pedro
Mariscal.
Durante el intermedio, la Escuela de Músicos Piteros
de la Casa de la Cultura ofreció una intervención musical que
permitió reconocer la importancia de los sonidos tradicionales en el
acompañamiento de las danzas y en la transmisión del patrimonio
cultural.
La segunda mesa reunió al Prof. Antonio Vázquez
Romero, de la Unión de Comunidades Indígenas Nahuas de Tuxpan,
Jalisco; a Agustín Santillán, jefe de cuadrilla de la Danza de
Sonajeros Santa Cecilia de Huescalapa, y a Saúl Luis Juan Seda,
músico pitero e investigador del Colectivo Multicultural Zapotiltic.
La conversación fue moderada por Carlos Axel Flores Valdovinos.
Las
intervenciones propiciaron un intercambio de experiencias y
conocimientos en torno a la historia de las agrupaciones, la memoria
colectiva, la música, la organización comunitaria y los desafíos
que enfrenta la continuidad de estas expresiones culturales. La
participación de danzantes, investigadores y promotores permitió
reconocer que las tradiciones permanecen vivas gracias al compromiso
de quienes las practican, investigan y transmiten.
LAS
DANZAS DE SONAJEROS LLENAN DE TRADICIÓN LA CASA DE LA CULTURA
Como
parte del programa, se presentó una muestra de danzas tradicionales
con la participación de la Danza Arribeños del Gallito, la Danza de
Sonajeros La Guadalupana de Zapotiltic, la Danza de Sonajeros Santa
Cecilia de Huescalapa y la Danza de Sonajeros Jesús
Sacramentado.
Cada agrupación compartió la fuerza expresiva
de sus pasos, el sonido de sus sonajas y el sentido comunitario de
una tradición estrechamente vinculada con las fiestas religiosas y
la identidad cultural de la región.
El evento registró una
nutrida asistencia, con un lleno total en la Casa de la Cultura, y
recibió una amplia atención de los medios de difusión. Al
finalizar las actividades, los organizadores ofrecieron a los
participantes y asistentes un banquete de birria tradicional, como
muestra de hospitalidad y convivencia comunitaria.
PRESERVAR
EL PATRIMONIO CULTURAL DEL SUR DE JALISCO
La
conmemoración del Día del Sonajero dejó de manifiesto la
importancia de fortalecer los espacios de encuentro entre las
comunidades portadoras de las tradiciones, las instituciones
culturales, los investigadores, los artesanos y las nuevas
generaciones.
El homenaje a Don Nicolás Hernández de la Cruz
representó uno de los momentos centrales de la jornada, al reconocer
una vida dedicada a la danza y al compromiso con una expresión
cultural que forma parte de la memoria histórica de Zapotlán y de
la identidad del Sur de Jalisco.
Con este encuentro, la Casa de
la Cultura reafirmó su papel como espacio de diálogo, difusión y
reconocimiento de las manifestaciones culturales de la región, en
una celebración que vinculó la reflexión académica con la música,
la danza, la artesanía y la convivencia.
La
jornada se integró a las actividades de la Fiesta en Honor a Señor
San José de Zapotlán, recordando que las tradiciones no son
únicamente herencia del pasado: son expresiones vivas que se
renuevan con la participación de sus comunidades y el reconocimiento
de su valor cultural.
HOMENAJE
A DON NICOLÁS HERNÁNDEZ DE LA CRUZ. 77 AÑOS DANZANDO A SEÑOR SAN
JOSÉ
En
la mesa del Homenaje a Don Nicolás Hernández de la Cruz se contó
con la presencia de familiares e integrantes de la Danza Arribeños
del Gallito. Cabe reconocer la participación de Lorenzo Cervantes
Guzmán y del nieto de don Heliodoro Delgado Guzman, quienes han
danzado por más de 60 años, a quienes se les entregó también un
reconocimiento. Además de contar con la compañía de su esposa,
familiares y nietos, como el jefe de cuadrilla Germán Alejandro
Hernández Silva y Rocío Morán. Durante el acto conmemorativo, José
Guillermo Solano del Taller de Alfarería Solano, entregó una
escultura en barro con la figura en honor a la figura del Danzante
Arribeño del Gallito. En este evento, Carlos Axel Flores Valdovinos
leyó una breve semblanza en homenaje a Don Nicolás Hernández de la
Cruz:
DANZA
ARRIBEÑOS DEL GALLITO
La
Danza de los Arribeños del Gallito es una de las danzas más
antiguas de Zapotlán que se distingue por el uso de sonajas de
cascabel, el golpeteo de los palitos de madera y el acompañamiento
musical del violín. La combinación de estos elementos da ritmo y
fuerza a los movimientos de los danzantes, quienes expresan mediante
sus pasos la devoción al Señor San José.
De acuerdo con la
tradición, anteriormente los danzantes utilizaban coronas de plumas.
En la actualidad, su indumentaria se caracteriza por el sombrero
adornado con perlas y una nahuilla de tres colores: blanco, amarillo
y verde, elementos que distinguen la identidad de esta agrupación
tradicional.
Otro componente representativo es el capote, que
se utiliza en tres colores: rojo, amarillo y verde, uno para cada día
de la fiesta. El 23 de octubre, los danzantes portan los colores
verde, amarillo y rojo, que llenan de vistosidad sus recorridos y
presentaciones durante las celebraciones josefinas.
El sonido
de las sonajas de cascabel, acompañado por los palitos de madera y
las melodías del violín, constituye una de las características más
reconocibles de esta expresión dancística. Cada movimiento, cada
sonido y cada elemento del vestuario contribuyen a preservar una
herencia cultural transmitida entre generaciones.
Así, la
indumentaria y la ejecución de los Arribeños del Gallito no
solamente identifican a sus integrantes: también mantienen viva la
memoria de sus antepasados y el significado religioso de una danza
que forma parte del patrimonio cultural de Zapotlán el Grande.
Con
una peculiar vestimenta, el sonido del violín y el constante
movimiento de pies y manos, los Arribeños del Gallito mantienen viva
una de las tradiciones dancísticas y religiosas más antiguas de
Zapotlán el Grande, expresión de fe, identidad y fidelidad al
máximo patrono del municipio: el Señor San José.
De acuerdo
con la tradición oral, los orígenes de esta cuadrilla se remontan
aproximadamente a 1816, cuando un grupo de habitantes se reunió para
conformar la danza que, con el paso de los años, adquirió un
profundo compromiso religioso. Desde entonces, sus integrantes han
recorrido las principales calles de la ciudad, llevando su música,
sus pasos y sus ofrendas de devoción ante la imagen del santo
patrono.
Para quienes forman parte de esta agrupación, bailar
no representa únicamente una costumbre heredada, sino una
experiencia que se transmite de generación en generación. Así lo
comparte don Nicolás Hernández de la Cruz, quien recuerda cómo
nació su gusto por esta expresión tradicional:
“Yo no debía
nada; salí dos o tres años, me gustó y seguí año con año, año
con año y hasta la fecha”.
La música del violín es
fundamental para el desarrollo de la danza. Cada ejecución marca el
inicio de los movimientos y orienta a los danzantes en sus
reverencias y desplazamientos. El sonido del instrumento establece el
ritmo que los participantes siguen con precisión, en una combinación
de coordinación, disciplina y fervor religioso.
“Todo tiene
su qué ver por dónde empezar, porque hay una reverencia que nos
echa el violinista y esa es para medio empezar; ya de allí agarramos
el ritmo que él nos toca”, explica don Nicolás, al describir la
importancia de la música en la ejecución de las cuadrillas.
Uno
de los elementos más distintivos de los Arribeños del Gallito es su
colorida indumentaria, elaborada con dedicación y, en muchos casos,
con las propias manos de sus familiares. Cada prenda forma parte de
una tradición que distingue a la agrupación y fortalece el sentido
de pertenencia de sus integrantes. Los colores y las capas que portan
los danzantes adquieren un significado especial durante las
celebraciones, pues contribuyen a identificar a la cuadrilla y a
preservar su memoria colectiva. En los estandartes también se hace
presente el nombre de los Arribeños del Gallito, acompañado de la
figura de un gallo, símbolo que permite reconocer su procedencia
entre las distintas agrupaciones tradicionales de la región. La
vestimenta, la música y los movimientos constituyen así un lenguaje
cultural mediante el cual la comunidad expresa su historia, sus
creencias y su compromiso con las tradiciones de Zapotlán el
Grande.
A sus 87 años, don Nicolás Hernández de la Cruz
continúa encontrando en la danza una razón para mantener vivo su
vínculo con el Señor San José. Su participación representa el
testimonio de una vida dedicada a esta expresión de religiosidad
popular, en la que cada jornada de baile renueva las emociones, el
fervor y el agradecimiento hacia el santo patrono de los
zapotlenses.
“Quedé bien; como que a mí me gustó y por eso
ahí estoy”, expresa con sencillez, dejando ver que la permanencia
en la danza nace del gusto, la convicción y una devoción que se
fortalece con el paso del tiempo.
La historia de los Arribeños
del Gallito recuerda la importancia de reconocer a quienes, mediante
su participación y compromiso, contribuyen a conservar el patrimonio
cultural inmaterial de Zapotlán el Grande. En sus pasos, sus
melodías y sus coloridas prendas permanece una memoria compartida
que enlaza a las familias, fortalece la identidad comunitaria y
mantiene vigentes las tradiciones religiosas del municipio. Porque en
Zapotlán el Grande, la tradición no solamente se recuerda: se vive,
se baila y se transmite a las nuevas generaciones.
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