jueves, 15 de octubre de 2026

Día del Sonajero Coloquio de “Danzas y Sones del Sur de Jalisco: una tradición de largo aliento” Homenaje a Don Nicolás Hernández de la Cruz

 





-El encuentro reunió a danzantes, investigadores, músicos y promotores culturales en torno a las tradiciones vivas del Sur de Jalisco.


Carlos Axel Flores Valdovinos


En el marco de la Fiesta en Honor a Señor San José de Zapotlán, la Casa de la Cultura fue sede de la conmemoración del Día de la Nación Pluricultural y el Día del Sonajero, una jornada dedicada al reconocimiento, la preservación y la difusión de las danzas tradicionales del Sur de Jalisco.


El encuentro se desarrolló mediante el coloquio “Danzas y Sones del Sur de Jalisco: una tradición de largo aliento”, coordinado por el director de la Casa de la Cultura, Mtro. Pedro Mariscal, y José Luis Rodríguez, de Socialismo Democrático y de la Red de Creadores, Educadores y Promotores de la Cultura y las Artes de Jalisco.

Cabe reconocer que este evento fue desarrollado por el Mtro. Carlos Axel Flores Valdovinos, quien realizó el diseño de cartel, planeación, estructura y programación de dicho homenaje, contando con el apoyo de colectivos independientes como el Colectivo Alasletras, y con la asesoría de Saúl Luis Juan Seda, del Colectivo Multicultural Zapotiltic, además de la colaboración solidaria de representantes de diversas agrupaciones de danzantes como Don Porfirio de la Cruz Lucas y de la Unión de Comunidades Indígenas Nahuas de Tuxpan, asimismo con el apoyo mutuo del Taller de Alfarería Solano a cargo de Guillermo Solano.

Cabe reconocer la presencia de distinguidas personalidades del medio cultural como la regidora Marisol Mendoza Pinto, Mtro. Cayetano Chávez Villalvazo, Víctor Mendoza (investigador de Tuxpan), Sra. Martha López y familia (donantes de las Décimas a Señor San José), Sra. Feliciana Flores y Salvador Morán de la Unión de Comunidades Indígenas Nahuas de Tuxpan, Jalisco, entre otros medios de difusión como Fe y Tradición, Canal 4 de Zapotlán, Reporte Sur de Jalisco, InfoGuzmán, entre otros.

Uno de los momentos más significativos fue el homenaje a Don Nicolás Hernández de la Cruz, integrante de la Danza Arribeños del Gallito, en reconocimiento a sus 77 años de trayectoria como danzante y jefe de cuadrilla. La distinción se realizó en el marco de los 210 años de tradición de esta agrupación, cuyo origen se remonta a 1816.





El reconocimiento, impulsado por Carlos Axel Flores Valdovinos, contó con el apoyo del Taller de Alfarería Solano, a cargo de José Guillermo Solano, quien donó una escultura artesanal de barro elaborada en representación del homenajeado. Esta pieza constituye un testimonio del valor del trabajo artesanal y de la colaboración entre los creadores y las expresiones tradicionales de la región.



DIÁLOGO ENTRE TRADICIÓN, INVESTIGACIÓN Y COMUNIDAD



La jornada comenzó con la ofrenda y danza ritual de la Danza Azteca Izcalli Calpulli, dirigida por Roberto Solano, que ofreció un espacio de encuentro con las expresiones ceremoniales y espirituales de los pueblos originarios.

Posteriormente, se inauguró la “Muestra de Décimas Josefinas”, integrada por los Devotos del Enroso a Señor San José (2025), de la familia Flores Ventura. La exposición, presentada por Carlos Axel Flores Valdovinos, fue posible gracias a la donación de la señora Martha López y su familia, quienes contribuyeron a preservar y compartir una manifestación de la tradición festiva y devocional de Zapotlán.

El coloquio se desarrolló en dos mesas de diálogo. En la primera participaron Don Porfirio de la Cruz Lucas, representante de la Danza de Sonajeros Arribeños; la Dra. Enriqueta Valdéz Curiel, investigadora de la Universidad de Guadalajara, y la poetisa Norma de la Cruz Ignacio. La mesa fue moderada por el Mtro. Pedro Mariscal.

Durante el intermedio, la Escuela de Músicos Piteros de la Casa de la Cultura ofreció una intervención musical que permitió reconocer la importancia de los sonidos tradicionales en el acompañamiento de las danzas y en la transmisión del patrimonio cultural.





La segunda mesa reunió al Prof. Antonio Vázquez Romero, de la Unión de Comunidades Indígenas Nahuas de Tuxpan, Jalisco; a Agustín Santillán, jefe de cuadrilla de la Danza de Sonajeros Santa Cecilia de Huescalapa, y a Saúl Luis Juan Seda, músico pitero e investigador del Colectivo Multicultural Zapotiltic. La conversación fue moderada por Carlos Axel Flores Valdovinos.

Las intervenciones propiciaron un intercambio de experiencias y conocimientos en torno a la historia de las agrupaciones, la memoria colectiva, la música, la organización comunitaria y los desafíos que enfrenta la continuidad de estas expresiones culturales. La participación de danzantes, investigadores y promotores permitió reconocer que las tradiciones permanecen vivas gracias al compromiso de quienes las practican, investigan y transmiten.



LAS DANZAS DE SONAJEROS LLENAN DE TRADICIÓN LA CASA DE LA CULTURA



Como parte del programa, se presentó una muestra de danzas tradicionales con la participación de la Danza Arribeños del Gallito, la Danza de Sonajeros La Guadalupana de Zapotiltic, la Danza de Sonajeros Santa Cecilia de Huescalapa y la Danza de Sonajeros Jesús Sacramentado.






Cada agrupación compartió la fuerza expresiva de sus pasos, el sonido de sus sonajas y el sentido comunitario de una tradición estrechamente vinculada con las fiestas religiosas y la identidad cultural de la región.

El evento registró una nutrida asistencia, con un lleno total en la Casa de la Cultura, y recibió una amplia atención de los medios de difusión. Al finalizar las actividades, los organizadores ofrecieron a los participantes y asistentes un banquete de birria tradicional, como muestra de hospitalidad y convivencia comunitaria.



PRESERVAR EL PATRIMONIO CULTURAL DEL SUR DE JALISCO



La conmemoración del Día del Sonajero dejó de manifiesto la importancia de fortalecer los espacios de encuentro entre las comunidades portadoras de las tradiciones, las instituciones culturales, los investigadores, los artesanos y las nuevas generaciones.

El homenaje a Don Nicolás Hernández de la Cruz representó uno de los momentos centrales de la jornada, al reconocer una vida dedicada a la danza y al compromiso con una expresión cultural que forma parte de la memoria histórica de Zapotlán y de la identidad del Sur de Jalisco.




Con este encuentro, la Casa de la Cultura reafirmó su papel como espacio de diálogo, difusión y reconocimiento de las manifestaciones culturales de la región, en una celebración que vinculó la reflexión académica con la música, la danza, la artesanía y la convivencia.

La jornada se integró a las actividades de la Fiesta en Honor a Señor San José de Zapotlán, recordando que las tradiciones no son únicamente herencia del pasado: son expresiones vivas que se renuevan con la participación de sus comunidades y el reconocimiento de su valor cultural.

HOMENAJE A DON NICOLÁS HERNÁNDEZ DE LA CRUZ. 77 AÑOS DANZANDO A SEÑOR SAN JOSÉ



En la mesa del Homenaje a Don Nicolás Hernández de la Cruz se contó con la presencia de familiares e integrantes de la Danza Arribeños del Gallito. Cabe reconocer la participación de Lorenzo Cervantes Guzmán y del nieto de don Heliodoro Delgado Guzman, quienes han danzado por más de 60 años, a quienes se les entregó también un reconocimiento. Además de contar con la compañía de su esposa, familiares y nietos, como el jefe de cuadrilla Germán Alejandro Hernández Silva y Rocío Morán. Durante el acto conmemorativo, José Guillermo Solano del Taller de Alfarería Solano, entregó una escultura en barro con la figura en honor a la figura del Danzante Arribeño del Gallito. En este evento, Carlos Axel Flores Valdovinos leyó una breve semblanza en homenaje a Don Nicolás Hernández de la Cruz:



DANZA ARRIBEÑOS DEL GALLITO



La Danza de los Arribeños del Gallito es una de las danzas más antiguas de Zapotlán que se distingue por el uso de sonajas de cascabel, el golpeteo de los palitos de madera y el acompañamiento musical del violín. La combinación de estos elementos da ritmo y fuerza a los movimientos de los danzantes, quienes expresan mediante sus pasos la devoción al Señor San José.

De acuerdo con la tradición, anteriormente los danzantes utilizaban coronas de plumas. En la actualidad, su indumentaria se caracteriza por el sombrero adornado con perlas y una nahuilla de tres colores: blanco, amarillo y verde, elementos que distinguen la identidad de esta agrupación tradicional.





Otro componente representativo es el capote, que se utiliza en tres colores: rojo, amarillo y verde, uno para cada día de la fiesta. El 23 de octubre, los danzantes portan los colores verde, amarillo y rojo, que llenan de vistosidad sus recorridos y presentaciones durante las celebraciones josefinas.

El sonido de las sonajas de cascabel, acompañado por los palitos de madera y las melodías del violín, constituye una de las características más reconocibles de esta expresión dancística. Cada movimiento, cada sonido y cada elemento del vestuario contribuyen a preservar una herencia cultural transmitida entre generaciones.

Así, la indumentaria y la ejecución de los Arribeños del Gallito no solamente identifican a sus integrantes: también mantienen viva la memoria de sus antepasados y el significado religioso de una danza que forma parte del patrimonio cultural de Zapotlán el Grande.





Con una peculiar vestimenta, el sonido del violín y el constante movimiento de pies y manos, los Arribeños del Gallito mantienen viva una de las tradiciones dancísticas y religiosas más antiguas de Zapotlán el Grande, expresión de fe, identidad y fidelidad al máximo patrono del municipio: el Señor San José.

De acuerdo con la tradición oral, los orígenes de esta cuadrilla se remontan aproximadamente a 1816, cuando un grupo de habitantes se reunió para conformar la danza que, con el paso de los años, adquirió un profundo compromiso religioso. Desde entonces, sus integrantes han recorrido las principales calles de la ciudad, llevando su música, sus pasos y sus ofrendas de devoción ante la imagen del santo patrono.

Para quienes forman parte de esta agrupación, bailar no representa únicamente una costumbre heredada, sino una experiencia que se transmite de generación en generación. Así lo comparte don Nicolás Hernández de la Cruz, quien recuerda cómo nació su gusto por esta expresión tradicional:





“Yo no debía nada; salí dos o tres años, me gustó y seguí año con año, año con año y hasta la fecha”.
La música del violín es fundamental para el desarrollo de la danza. Cada ejecución marca el inicio de los movimientos y orienta a los danzantes en sus reverencias y desplazamientos. El sonido del instrumento establece el ritmo que los participantes siguen con precisión, en una combinación de coordinación, disciplina y fervor religioso.

“Todo tiene su qué ver por dónde empezar, porque hay una reverencia que nos echa el violinista y esa es para medio empezar; ya de allí agarramos el ritmo que él nos toca”, explica don Nicolás, al describir la importancia de la música en la ejecución de las cuadrillas.





Uno de los elementos más distintivos de los Arribeños del Gallito es su colorida indumentaria, elaborada con dedicación y, en muchos casos, con las propias manos de sus familiares. Cada prenda forma parte de una tradición que distingue a la agrupación y fortalece el sentido de pertenencia de sus integrantes. Los colores y las capas que portan los danzantes adquieren un significado especial durante las celebraciones, pues contribuyen a identificar a la cuadrilla y a preservar su memoria colectiva. En los estandartes también se hace presente el nombre de los Arribeños del Gallito, acompañado de la figura de un gallo, símbolo que permite reconocer su procedencia entre las distintas agrupaciones tradicionales de la región. La vestimenta, la música y los movimientos constituyen así un lenguaje cultural mediante el cual la comunidad expresa su historia, sus creencias y su compromiso con las tradiciones de Zapotlán el Grande.

A sus 87 años, don Nicolás Hernández de la Cruz continúa encontrando en la danza una razón para mantener vivo su vínculo con el Señor San José. Su participación representa el testimonio de una vida dedicada a esta expresión de religiosidad popular, en la que cada jornada de baile renueva las emociones, el fervor y el agradecimiento hacia el santo patrono de los zapotlenses.

“Quedé bien; como que a mí me gustó y por eso ahí estoy”, expresa con sencillez, dejando ver que la permanencia en la danza nace del gusto, la convicción y una devoción que se fortalece con el paso del tiempo.





La historia de los Arribeños del Gallito recuerda la importancia de reconocer a quienes, mediante su participación y compromiso, contribuyen a conservar el patrimonio cultural inmaterial de Zapotlán el Grande. En sus pasos, sus melodías y sus coloridas prendas permanece una memoria compartida que enlaza a las familias, fortalece la identidad comunitaria y mantiene vigentes las tradiciones religiosas del municipio. Porque en Zapotlán el Grande, la tradición no solamente se recuerda: se vive, se baila y se transmite a las nuevas generaciones.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Popular Posts