miércoles, 21 de octubre de 2026

Elecciones en Israel

 



Mtro. Jesse Martínez


El próximo martes 27 de octubre se celebrarán elecciones en Israel, país con sistema de gobierno parlamentario, donde el Knéset (parlamento) se compone de 120 escaños y los ciudadanos votan por las listas de los partidos políticos en un formato de representación proporcional con una sola circunscripción nacional. Es decir, el voto se emite por un partido que postula una lista preestablecida de sus candidatos al Knéset.



Una vez elegidos los parlamentarios que conformarán la Knéset, de entre ellos eligen al primer ministro, quien será la cabeza del gobierno. Esta dinámica está pensada para formar alianzas entre partidos y repartir los espacios del poder ejecutivo. Actualmente quien dirige el gobierno israelí es Benjamín Netanyahu, quien para lograr integrar su gobierno ha tenido que aliarse con partidos extremistas de derecha y posturas sionistas (literalmente).

Esta próxima elección es fundamental, pues será la primera posterior al ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023 y a la guerra que Israel ha librado con Irán. Pero más aún, esta elección es previa a las elecciones intermedias de Estados Unidos y en medio de una creciente tensión con Irán que, según estimaciones de analistas expertos, podría desembocar en un nuevo episodio bélico a gran escala. Es por eso que el 27 de octubre se vislumbra como una fecha fundamental donde el electorado israelí no solo decidirá a sus nuevos representantes, sino también uno de los capítulos más complicados de la política internacional actualmente.

Una figura clave en esta trama es Benjamín Netanyahu, del partido Likud (nacionalista y conservador), quien ha ocupado el cargo de primer ministro desde 2022 liderando la coalición de derecha antes mencionada. Por un lado, se le cuestiona por casos de corrupción y también por su política de seguridad nacional, que no ha logrado asestar una derrota definitiva a Irán, la incursión en Líbano, además de cuestionamientos y condenas internacionales por el genocidio palestino en Gaza y el desplazamiento de poblaciones en Cisjordania. Paralelamente, sus partidarios apoyan su gestión argumentando su sólida experiencia política y diplomática, además de sus decisiones tajantes respecto a la seguridad nacional y su influencia en Washington y con el presidente Donald Trump.

Uno de los principales competidores es Naftali Bennett, del partido Beyachad, de orientación nacionalista y conservadora, pero más dispuesto a alianzas tendientes al centro del espectro político. Bennett fue primer ministro de Israel entre 2021 y 2022; su figura representa sobre todo la posibilidad de un gobierno israelí más allá de la figura de Netanyahu y sin depender de él, abriendo la posibilidad de incluir a diferentes fuerzas políticas ideológicamente diversas. Cabe destacar que la postura de Bennett no representa una ruptura total con la línea de acción actual del gobierno israelí; es, más bien, una alternativa de reorientación política respecto a Benjamín Netanyahu, pero sin alterar la esencia de la extrema derecha.





Pero en estas elecciones el mayor oponente de Benjamín Netanyahu y su partido Likud es un exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, el exmilitar Gadi Eisenkot, del partido Yashar. Su propuesta se organiza en dos ejes. En materia de seguridad, plantea fortalecer las Fuerzas de Defensa de Israel, mejorar las capacidades de respuesta armada y la estrategia de seguridad nacional; en el fondo, hacer de Israel una potencia militar que imponga su agenda (aún más que ahora) y negocie desde una posición de fuerza. En el plano institucional, impulsa el fortalecimiento del poder judicial, la profesionalización del servicio público y la limitación de los mandatos que una persona pueda ejercer como primer ministro, además de reducir el número de ministerios existentes. Un punto de contraste con Netanyahu es el servicio militar: mientras el actual primer ministro ha dado una excepción a los grupos ultraortodoxos a cambio de apoyo político de los partidos de esa corriente religiosa, Eisenkot propone un servicio militar obligatorio para todos, incluidos los ultraortodoxos, con ciertas adecuaciones. Es importante mencionar que Israel no tiene una constitución como tal; su sistema institucional se sustenta en diferentes leyes generales.

Israel, a pesar de aparentar fortaleza y capacidad de fuego, es reo de sus propias circunstancias: un líder político que ha concentrado un gran poder, Benjamín Netanyahu, y cuya figura parece absorber la estabilidad institucional del régimen y del Estado; un repudio internacional por el genocidio en Gaza; una presión cada vez mayor respecto a la creación de un Estado palestino; la amenaza creciente a una nueva guerra abierta con Irán y los costos que esta pudiera traer consigo; una relación cada vez más riesgosa con Turquía y, no de menor importancia, una crisis económica. El presupuesto enfocado al sostenimiento de la guerra, la fuga de empresas y trabajadores especializados, la escasez de mano de obra y la incertidumbre han golpeado severamente la economía israelí.





Todos estos elementos hacen de la próxima elección en Israel un punto clave que definirá el futuro del país y, al menos, la seguridad de toda la región de Medio Oriente. Los ciudadanos israelíes tendrán que tomar una decisión de implicaciones internacionales desde un voto nacional. Fundamentalmente, responderán a la pregunta: ¿hay seguridad nacional más allá de Netanyahu? ¿O será que Netanyahu ha conseguido encarnar en su puesto a la seguridad nacional? El riesgo es que una persona con el autoritarismo de Netanyahu tome una decisión difícil para conservarse en el poder, como ya lo ha mostrado antes la historia; por ejemplo, desencadenar una guerra o ataques contra Irán para declarar estado de excepción y cancelar las elecciones, o ser en efecto reafirmado en su cargo y esperar el recrudecimiento del genocidio palestino y una guerra continua contra Irán. Pronto tendremos la respuesta.


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