lunes, 19 de octubre de 2026

Octubre en Zapotlán

 



Agustín Villanueva Ochoa
“Sapere Aude”.



Cada octubre, Zapotlán recupera un antiguo reglamento. Nadie lo ha escrito, pero sus reglas empiezan a cumplirse en la ciudad.



Se dice que la primera regla sirve de advertencia: “salir con prisa es un volado”. Hay más movimiento, rutas que requieren creatividad y días en los que llegar de un punto a otro exige planeación y paciencia. Curiosamente, eso no impide que sigamos saliendo. Entre conciertos, toros de once, juegos mecánicos y aquellos en los que parece sencillo ganar un peluche o una caja de galletas, siempre hay algún pretexto para no estar en casa. La agenda social se amplía y uno termina coincidiendo con zapotlenses que viven a diez minutos de distancia, pero parecen radicar en otro continente el resto del año.

Los rumores confirman una regla fácil de recordar, pero difícil de cumplir: “sólo voy un rato”. Una vuelta se convierte en dos; alguien propone echar una platicada y el plan de treinta minutos empieza a requerir logística. También entra en escena el “ahorita nos vamos”, cuya duración es todavía un misterio.

Entre tantas reglas hay una que se vive con especial respeto: “la que se hereda año con año”. Del 13 al 23 de octubre se desarrolla la Fiesta Juramentada a Señor San José, Patrono y Protector de Zapotlán. Una devoción convertida en promesa de fe tras el sismo del 22 de octubre de 1749. El último domingo de septiembre comienza la cuenta regresiva y llega el tradicional Reparto de Décimas. La mayordomía —elegida mediante sorteo anual— coordina los preparativos desde mucho antes de octubre. Danzantes y sonajeros inician sus ensayes con semanas de anticipación y, durante las fiestas, diversos grupos peregrinan hasta la Catedral para participar en la eucaristía. El día 23 no perteneció a la promesa inicial, pero con los años pasó a ser una extensión de la fiesta y el corazón de la celebración. Los cargadores tienen la distinción y la responsabilidad de llevar en hombros el trono de la Sagrada Familia, mientras a su alrededor avanzan las Guardias de Honor, carros alegóricos, danzantes, sonajeros y fieles que acompañan el recorrido. Para muchas familias, participar o presenciar este encuentro forma parte de una tradición que Zapotlán ha transmitido por generaciones.

Arreola dejó escrita otra regla, aunque nunca la nombró así: “para hablar de la Feria, primero hay que escuchar a Zapotlán”. Instituida en 1925, la celebración llegó a la literatura con La feria (1963), donde el pueblo toma la palabra entre temblores, amores, trabajo, confesiones y preparativos para San José. Más de sesenta años después, muchas de esas voces siguen encontrando eco.





Hay otra regla que nadie acordó: “casi todos terminamos hablando de lo mismo”. Quien ya fue cuenta lo que encontró y quien todavía no va pregunta qué hay. Quienes viven fuera reciben imágenes, videos y mensajes con todos los pormenores. Durante unas semanas, la Feria consigue poner a buena parte de Zapotlán dentro de la misma conversación.

El reglamento de octubre sigue sin sellos, firmas ni fecha de vencimiento. Aunque nadie conoce la versión completa, siempre queda alguna regla por descubrir.

¿Para qué publicarlo? Octubre llega y en Zapotlán nadie necesita explicaciones.


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