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| Foto: Archivo del Sr. Roberto Sánchez. |
Mar Pérez
Hoy 29 de octubre cuando se cumplen 110 años del nacimiento de María Cristina Pérez Vizcaíno es una magnífica ocasión para leerla. Octubre es también el mes de las fiestas de Ciudad Guzmán. El domingo 14 de octubre de 1951, El Informador publicó en la página 2 de su sección literaria su poema “A Zapotlán”. El texto que entonces quedó en segundo lugar en los Juegos Florales de Zapotlán hoy puede leerse completo en Poesía reunida (Puertabierta, 2019, páginas 82 a 85).
María Cristina escribía de noche.
Según las cartas que cita Ada Aurora Sánchez Peña en la
presentación de Poesía reunida,
su pasatiempo favorito era mirar las estrellas desde la azotea. Esa
mirada contemplativa y pausada se nota en el poema. Se puede seguir
como un paseo de un día completo. Arranca con el recuerdo de la
niñez, “el bullicio y la escuela”, “la fácil geografía de
tus calles”. Sigue por la plaza del jardín con su “reloj de
juguete” y por la Parroquia, cuyo “bronce mayor” habla del
pasado. Pasa por los patios “en éxtasis de perfume y corolas”.
Ahí una fuente “canta sus poemas a solas”. Cae la noche con un
cocuyo, con las consejas que rondan los zaguanes y con un ladrido
“mensurando callejas”. Después vienen las madreselvas, los
jazmines y un gallo que “fulgura una bengala”. Amanece en el
Cerro de la Cruz, “trampolín del sol”. El recorrido termina en
la Estación y en la Calzada.
Lo mejor está en las imágenes
sonoras y visuales. La musicalidad de sus versos tiene una raíz
profunda. María Cristina estudió piano y poseía gustos musicales
muy definidos. La educación de su oído destaca en la construcción
del paisaje auditivo del poema: Las calles son “trozos musicales”;
a la vista, las calles empedradas son “peces al sol” con escamas;
las neblinas dibujan los perfiles del pueblo “al gis” y el alba
salta “con su traje de luces”. La poeta demuestra un enorme
oficio literario al usar palabras coloquiales como empedrado, neblina
o cerro para generar con ellas imágenes inolvidables.
Quien
conoce la poesía española del siglo XX reconoce de inmediato el
procedimiento poético que hizo célebres a los poetas de la
Generación del 27 y que consiste en convertir una cosa cotidiana en
otra a través de una metáfora que sorprende y se arraiga. La
presentación de Poesía reunida,
a cargo de Ada Aurora, cuenta que ella leyó a Lorca y a Antonio
Machado durante su juventud en España. La familiaridad estilística
con estos autores se percibe en cada verso.
Con la Generación
del 98 el parecido es de fondo, hay un paisaje que es memoria. Así
como Machado escribió sobre Castilla como un lugar que se lleva por
dentro, María Cristina escribió en España el poema “A un pueblo
de Castilla” antes de dedicarle versos a su terruño. En “A
Zapotlán” ocurre algo idéntico. El pueblo se añora en la
distancia.
El poema, que empieza con la palabra “Porque”
parece responder a una pregunta y termina con las mismas palabras de
su apertura en distinto orden. Pasa de “minúscula voz de ausente
melodía” a “minúscula voz de melodía ausente”. Es un recurso
circular que deja al pueblo intacto la memoria.
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| Foto: Archivo del Sr. Roberto Sánchez. |
Llama la
atención el uso del plural. La autora habla de “nuestra niñez”
y “nuestras esperanzas”. En la Calzada, antiguo “estadio de
nuestras esperanzas”, vuelven los recuerdos “con cielos distantes
y extranjeras auroras”. Se infiere una referencia al viaje familiar
realizado de Zapotlán a España, pero también funciona como voz
colectiva de quienes regresan cada octubre. Son personas que se
fueron y reconocen el pueblo a pesar de los cambios.
La noche
del poema se oye en voz baja. Apenas suenan un reloj, un gallo y un
ladrido. La noche actual tiene otro volumen: hoy Ciudad Guzmán
resuena con la banda, los cohetes, los equipos de sonido por las
calles y el estruendo de los chicotazos marcando el paso de las cada
vez más numerosas danzas. Aun con todo este ruido, el pueblo
conserva su esencia.
A los diecisiete años, María Cristina
ya había hecho algo parecido. El 3 de noviembre de 1933 fechó en
Madrid el poema “A Ciudad Guzmán con todo mi cariño”. El texto
tiene las rimas, las exclamaciones y la intensidad de una
adolescente. Evoca al pueblo “desde España”, entre la nieve.
Añora el sol, los potreros y los pájaros del prado. Es la misma
nostalgia de quien está lejos.
A 110 años de su nacimiento,
los ensayos y análisis en torno a su obra son invaluables para
dimensionar su talento. El mejor homenaje para una autora siempre
será leerla. Hay que dejar que su voz poética nos hable al oído.
Permitamos que sus versos caminen otra vez por las calles de
Zapotlán.




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