Víctor Hugo Prado
En
no pocas ocasiones impera en el ambiente de la discusión asuntos
cargados de surrealismo que nos alcanzan, envuelven y nublan. En esta
ocasión me referiré al fiasco del Instituto Nacional Electoral de
perseguir y sancionar el sarcasmo, la ironía o el menosprecio. Así
como lo oye, perseguir el sarcasmo a través de las expresiones
sutiles de crítica que provinieran de periodistas a precandidatos o
candidatos a puestos de elección popular. Controversia que se
originó por la aprobación de los Lineamientos para el Monitoreo de
Medios rumbo al Proceso Electoral Federal 2026-2027.
En lugar
de que el INE, junto con la Unidad de Inteligencia Financiera y la
Fiscalía General de la República, estuvieran investigando a
partidos, precandidatos o candidatos para conocer el origen de los
recursos financieros que destinan a precampañas anticipadas para
evitar una intromisión del crimen organizados en la elección de
diputados, gobernadores y ayuntamiento de 2027. No, el interés del
INE es perseguir el sarcasmo.
Existe una tradición mexicana
de la crítica hacia nuestros políticos que incurren en actos
violatorios de la ley como la corrupción, el tráfico de
influencias, el uso indebido de recursos, el nepotismo, los excesos
de poder. De estos actos surgieron personajes como Jesús Martínez
“Palillo”, un famoso actor y comediante que destacó por usar la
sátira política en el teatro de carpa, con su humor ácido se
convirtió en voz de muchos ciudadanos frente a los excesos del
poder. Igual, ahí está el gran Mario Moreno “Cantinflas”,
crítico permanente de la política. Con la película “Si yo fuera
diputado”, exhibe la corrupción en el gobierno mexicano, donde
todo se arregla con acuerdos por debajo de la mesa, sobornos y
violencia. Personajes como, Héctor Suárez, Héctor Lechuga u obras
cinematográficas como “La dictadura perfecta”, con inteligencia
y humor expresan la crítica a quienes de forma flagrante violan
sistemáticamente la ley.
Sin embargo, hay que señalar que de
manera valiente, periodistas, organizaciones civiles, partidos
políticos y organizaciones empresariales, externaron su
preocupación. Advirtieron que intentar calificar gestos, tonos de
voz o comentarios mordaces abría una peligrosa puerta a la censura o
autocensura de los comunicadores, lo que derivó en que la Sala
Superior del TEPJF determinara que evaluar dichos recursos
discursivos limitaba el libre debate de ideas y ordenó de manera
definitiva al INE eliminar el monitoreo del sarcasmo de sus
metodologías, protegiendo plenamente la libertad de expresión.
La
ironía existe y existirá porque es parte de la naturaleza humana.
Recordemos el pasaje donde Francisco de Quevedo apostó con unos
amigos que tendría la valentía de decirle a la reina que era coja
en su propia cara. Isabel de Borbón, esposa del rey Felipe IV,
padecía una cojera evidente y le molestaba mucho que bromearan al
respecto. Quevedo se presentó ante la monarca con un clavel en una
mano y una rosa en la otra, y le recitó el calambur: «Entre
el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja».

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