martes, 1 de septiembre de 2026

Sarcasmo, ironía y menosprecio

 



Víctor Hugo Prado



En no pocas ocasiones impera en el ambiente de la discusión asuntos cargados de surrealismo que nos alcanzan, envuelven y nublan. En esta ocasión me referiré al fiasco del Instituto Nacional Electoral de perseguir y sancionar el sarcasmo, la ironía o el menosprecio. Así como lo oye, perseguir el sarcasmo a través de las expresiones sutiles de crítica que provinieran de periodistas a precandidatos o candidatos a puestos de elección popular. Controversia que se originó por la aprobación de los Lineamientos para el Monitoreo de Medios rumbo al Proceso Electoral Federal 2026-2027.



En lugar de que el INE, junto con la Unidad de Inteligencia Financiera y la Fiscalía General de la República, estuvieran investigando a partidos, precandidatos o candidatos para conocer el origen de los recursos financieros que destinan a precampañas anticipadas para evitar una intromisión del crimen organizados en la elección de diputados, gobernadores y ayuntamiento de 2027. No, el interés del INE es perseguir el sarcasmo.

Existe una tradición mexicana de la crítica hacia nuestros políticos que incurren en actos violatorios de la ley como la corrupción, el tráfico de influencias, el uso indebido de recursos, el nepotismo, los excesos de poder. De estos actos surgieron personajes como Jesús Martínez “Palillo”, un famoso actor y comediante que destacó por usar la sátira política en el teatro de carpa, con su humor ácido se convirtió en voz de muchos ciudadanos frente a los excesos del poder. Igual, ahí está el gran Mario Moreno “Cantinflas”, crítico permanente de la política. Con la película “Si yo fuera diputado”, exhibe la corrupción en el gobierno mexicano, donde todo se arregla con acuerdos por debajo de la mesa, sobornos y violencia. Personajes como, Héctor Suárez, Héctor Lechuga u obras cinematográficas como “La dictadura perfecta”, con inteligencia y humor expresan la crítica a quienes de forma flagrante violan sistemáticamente la ley.






Sin embargo, hay que señalar que de manera valiente, periodistas, organizaciones civiles, partidos políticos y organizaciones empresariales, externaron su preocupación. Advirtieron que intentar calificar gestos, tonos de voz o comentarios mordaces abría una peligrosa puerta a la censura o autocensura de los comunicadores, lo que derivó en que la Sala Superior del TEPJF determinara que evaluar dichos recursos discursivos limitaba el libre debate de ideas y ordenó de manera definitiva al INE eliminar el monitoreo del sarcasmo de sus metodologías, protegiendo plenamente la libertad de expresión.

La ironía existe y existirá porque es parte de la naturaleza humana. Recordemos el pasaje donde Francisco de Quevedo apostó con unos amigos que tendría la valentía de decirle a la reina que era coja en su propia cara. Isabel de Borbón, esposa del rey Felipe IV, padecía una cojera evidente y le molestaba mucho que bromearan al respecto. Quevedo se presentó ante la monarca con un clavel en una mano y una rosa en la otra, y le recitó el calambur: «Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja».




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