Ariana García
Todos identificamos
distintas formas de hablar de las personas que nos rodean o de
aquellas que vemos/escuchamos por distintas plataformas: la
televisión, las redes sociales, la radio, etc. Además de descifrar
hasta de qué lugar son por su forma de hablar, podemos sacar ciertas
conclusiones dependiendo de lo que dicen, cómo lo dicen, en dónde
lo dicen y a quién se lo dicen. Así, cuando una persona habla con
volumen alto y “golpeado” en una fila del supermercado, y
acompaña esa expresión oral con movimientos corporales “bruscos”,
podríamos concluir que dicha persona está enojada por algo malo que
debió pasarle durante su espera en la fila. En cambio, si escuchamos
a esa misma persona hablar “suave” cuando se dirige a su bebé
mientras lo abraza con movimientos “tranquilos”, acompañados de
una sonrisa, quizá concluyamos que está feliz.
Podemos identificar
características en la forma de hablar de las personas cuando las
comparamos entre ellas, por los tonos, las palabras que usan en
determinados contextos, el volumen que cada quien tiene. Pero si
somos un poco más observadores, nos daremos cuenta que nosotros
mismos hablamos distinto dependiendo de la situación, de nuestras
intenciones, de las personas con las que estemos conversando, etc.
Estudiosos de la lengua como Eugenio Coseriu explican estas
diferencias de habla de nosotros mismos y entre las personas desde
tres dimensiones de la variación lingüística.
La primera es la
variación diatópica, y tiene que ver con las características de
habla que tenemos de acuerdo con el espacio, el lugar en donde nos
desarrollamos. De esta manera, podemos identificar fácilmente a una
persona del norte de México, del centro, o del sur, gracias a su
acento, a las palabras específicas que usa y hasta a los gestos
corporales que puede usar mientras habla. Aunque shilo y chido
es lo mismo, sabemos que ambos términos se dicen desde lugares
distintos, lo mismo pasa con cabetes y agujetas, troca
y camioneta, besucona y chora, zancudo y
moyote. ¿Identificas los lugares en donde se usan estos
términos?
La variación
diastrática es la segunda dimensión de la variación lingüística,
y tiene que ver con el saber lingüístico que tenemos y usamos de
acuerdo con nuestro campo social. Más allá del lugar, tiene que ver
con las comunidades con las que convivimos constantemente y
compartimos la lengua más directamente, de tal forma que nos
logramos identificar entre nosotros. Aquí influyen diversos factores
como la edad, la profesión, el espacio sociocultural y el ámbito de
la residencia en la que nos desenvolvemos, ya sea ciudad grande o
pueblo pequeño. Aquí podemos usar palabras rimbombantes como
velouté de chocolate con piloncillo y notas de canela, o
simplemente decir champurrado.
Diafásica es la tercera dimensión de la variación lingüística que todos aplicamos cuando decidimos cómo hablar dependiendo del contexto en el que nos encontremos. Independientemente de nuestros estudios, de nuestro lugar de origen o el grupo al que pertenezcamos, siempre decidimos qué palabras usar y cómo usarlas según la situación comunicativa en la que estemos. No usaremos el mismo registro, por ejemplo, cuando hablamos con un profesor en clase que con el amigo más cercano afuera de la casa; tampoco usamos las mismas palabras y el tono con el que hablamos con nuestra pareja que con una persona que nos esté haciendo una entrevista para entrar a un trabajo. ¿Cómo le preguntarías sobre tu salario a quien te está haciendo la entrevista laboral? ¿Y cómo le dirías a tu mamá cuánto te dijo que te pagaría el entrevistador?
Ya todos sabemos que “hablamos distinto” siempre que lo necesitemos, y que la gente también habla distinto dependiendo de ciertas circunstancias. Ahora nos podemos explicar cómo lo hacemos y quizá hasta logremos identificar algunas situaciones medio “raras” del habla de algunas personas. Como sea, siempre es posible aprovechar la rica variedad de habla que nos rodea, y qué mejor explicándonos cómo lo hacemos y compartiendo nuestros usos de la lengua.
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