martes, 6 de enero de 2026

Entre pastores te veas: viejos coloquios zapotlenses

 


Fernando G. Castolo*



En fechas tan significativas, tuvimos la oportunidad de dialogar con Juan Francisco García Guzmán, personaje que participa desde hace 35 años en la cuadrilla de los Pastores de los Naranjos (en el barrio de Los Abajeños) de esta antigua Zapotlán el Grande. En sus inicios, nos comparte, representó al Indio Zacatul, dentro del coloquio El Ranchero.


Desde entonces, sus participaciones han discurrido por diversos papeles, los que representa con el orgullo de saberse parte de una de las tradiciones más ancestrales que aún se conservan en la comunidad. En la hilación de su diálogo nos comparte que, por usos y costumbres, desde la primera quincena de noviembre se reúnen los participantes para iniciar los ensayos en la denominada Casa de Encierro.

Por cada cuadrilla, existen tres cuadrilleros, quienes tienen la encomienda de invitar y convocar a familiares, vecinos y amigos que deseen ser parte del coloquio (a excepción de quien representará al Ángel, quien debe de ser un niño que oscile entre los diez años, para salvaguardar la inocencia y blancura en su representación).





El primer cuadrillero, por cierto, se encarga de salvaguardar los libros que contienen los coloquios, muchos de los cuales fueron redactados entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, escritos con un lenguaje en castellano arcaico, muy usado en la época entre la comunidad indígena zapotlense.

Estos coloquios exigen la participación de, cuando menos, 27 personas, quienes representarán a los Pastores, los Diablos, el Bartolo, la Gila, entre otros. En la trama que desarrollan existen escenas chuscas que sacan la risa de propios y extraños, así como reflexiones en torno a lo evidenciado en los textos sagrados bíblicos.

Respecto a los vestuarios que utilizan y que son costeados por cada participante, estos se diseñan en base a viejas vestimentas usadas antaño por otros representantes, obviamente, todas ellas muy vistosas y coloridas. Los Pastores son portadores, además, de unas peculiares y artísticas varas elaboradas de latón, adornadas con diversas escarchas, lluvias, esferas y cascabeles. El último día del mes de noviembre, y una vez dada la bendición, los coloquios de los Pastores se empiezan a representar de forma pública; sin embargo, no es sino hasta el 24 de diciembre en que se revisten con sus vestuarios nuevos para asistir a la llamada Misa de Gallo.





Las representaciones de los coloquios se efectúan hasta el día 28 de diciembre con el llamado Recorrido de la Huerta, por diversas calles de la ciudad. Durante este recorrido la gente, a su paso, suele obsequiarles comida, utensilios y ropa que reúnen en determinados puntos en llamados "montones". Todo ese "montón" se le entrega, de forma íntegra, al Capitán (aquel que costea los alimentos y gestiona misas y celebraciones).

El día 6 de enero vuelven a coincidir los Pastores, en esta ocasión para hacer El Levantamiento, acto con el cual culminan las actividades de los coloquios. Existe, en toda esta organización, una madrina, que es la que se responsabiliza de comprar el ajuar nuevo al Niño Jesús y lo reviste, mientras los Pastores entonan cantos ad hoc.

Hasta aquí la interesante charla con don Juan Francisco, a quien le agradecemos el obsequio de sus palabras y el respectivo permiso para reproducirlas en esta colaboración. Una última palabra: todos invitados al Levantamiento del Niño Jesús este 6 de enero. No dejemos morir nuestras orgullosas tradiciones.


*Cronista Oficial de Ciudad Guzmán.


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