Fernando G. Castolo*
En
fechas tan significativas, tuvimos la oportunidad de dialogar con
Juan Francisco García Guzmán, personaje que participa desde hace 35
años en la cuadrilla de los Pastores de los Naranjos (en el barrio
de Los Abajeños) de esta antigua Zapotlán el Grande. En sus
inicios, nos comparte, representó al Indio Zacatul, dentro del
coloquio El Ranchero.
Desde entonces, sus participaciones han
discurrido por diversos papeles, los que representa con el orgullo de
saberse parte de una de las tradiciones más ancestrales que aún se
conservan en la comunidad. En la hilación de su diálogo nos
comparte que, por usos y costumbres, desde la primera quincena de
noviembre se reúnen los participantes para iniciar los ensayos en la
denominada Casa de Encierro.
Por cada cuadrilla, existen tres
cuadrilleros, quienes tienen la encomienda de invitar y convocar a
familiares, vecinos y amigos que deseen ser parte del coloquio (a
excepción de quien representará al Ángel, quien debe de ser un
niño que oscile entre los diez años, para salvaguardar la inocencia
y blancura en su representación).
El primer cuadrillero, por
cierto, se encarga de salvaguardar los libros que contienen los
coloquios, muchos de los cuales fueron redactados entre finales del
siglo XIX y principios del siglo XX, escritos con un lenguaje en
castellano arcaico, muy usado en la época entre la comunidad
indígena zapotlense.
Estos coloquios exigen la participación
de, cuando menos, 27 personas, quienes representarán a los Pastores,
los Diablos, el Bartolo, la Gila, entre otros. En la trama que
desarrollan existen escenas chuscas que sacan la risa de propios y
extraños, así como reflexiones en torno a lo evidenciado en los
textos sagrados bíblicos.
Respecto a los vestuarios que
utilizan y que son costeados por cada participante, estos se diseñan
en base a viejas vestimentas usadas antaño por otros representantes,
obviamente, todas ellas muy vistosas y coloridas. Los Pastores son
portadores, además, de unas peculiares y artísticas varas
elaboradas de latón, adornadas con diversas escarchas, lluvias,
esferas y cascabeles. El último día del mes de noviembre, y una vez
dada la bendición, los coloquios de los Pastores se empiezan a
representar de forma pública; sin embargo, no es sino hasta el 24 de
diciembre en que se revisten con sus vestuarios nuevos para asistir a
la llamada Misa de Gallo.
Las representaciones de los
coloquios se efectúan hasta el día 28 de diciembre con el llamado
Recorrido de la Huerta, por diversas calles de la ciudad. Durante
este recorrido la gente, a su paso, suele obsequiarles comida,
utensilios y ropa que reúnen en determinados puntos en llamados
"montones". Todo ese "montón" se le entrega, de
forma íntegra, al Capitán (aquel que costea los alimentos y
gestiona misas y celebraciones).
El día 6 de enero vuelven a
coincidir los Pastores, en esta ocasión para hacer El Levantamiento,
acto con el cual culminan las actividades de los coloquios. Existe,
en toda esta organización, una madrina, que es la que se
responsabiliza de comprar el ajuar nuevo al Niño Jesús y lo
reviste, mientras los Pastores entonan cantos ad hoc.
Hasta
aquí la interesante charla con don Juan Francisco, a quien le
agradecemos el obsequio de sus palabras y el respectivo permiso para
reproducirlas en esta colaboración. Una última palabra: todos
invitados al Levantamiento del Niño Jesús este 6 de enero. No
dejemos morir nuestras orgullosas tradiciones.

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