Víctor Hugo Prado
La censura en México ha cambiado de rostro. Ya no se ejerce con golpes, clausuras o amenazas directas, sino con toga, birrete y códigos legales. El Estado, o quienes lo representan, han sustituido la censura abierta por un modelo más sofisticado y corrosivo: el acoso judicial. Un sistema que criminaliza la crítica pública y castiga a quienes se atreven a cuestionar el poder.

