Salvador
Mateo
Muchos
mexicanos, sin ser especialistas en administración pública, sabemos que los
ingresos de los estados dependen en gran medida de transferencias federales.
Las entidades federativas obtienen recursos propios a través de impuestos al
comercio, sobre nómina y predial; por derechos como el registro civil,
licencias y permisos; por productos de bienes muebles e inmuebles y por
aprovechamientos que incluyen multas y recargos locales. Sin embargo, éstos
representan sólo una pequeña parte del total de sus ingresos.
