Salvador
Encarnación
Leemos Pedro Páramo y los alumnos se sorprenden. No es sólo por la estructura de la novela, sino por la melodía del lenguaje que ahí se maneja. De la sorpresa viene la admiración. Los mismos objetos a los que se refiere Rulfo en la novela son los mismos de su entorno, son los objetos con los que ellos y sus padres han vivido en el sur de Jalisco y ahora resulta que son parte de una novela, magnífica, de estudio. Y más aun, las frases que leen son las que todavía ellos utilizan para su comunicación: “Tengo la casa toda entilichada” y un alumno agrega: “Yo también”. Todos ríen y prosiguen atentos en su lectura. Apenas se avanzan unas líneas, un alumno levanta la mano: