Víctor Hugo Prado
El huracán Otis suscitado en Acapulco le ha pegado un golpe casi mortal a un destino turístico construido y desarrollado en gran medida por el esfuerzo permanente de sus pobladores, entre los que se incluyen trabajadores, empresarios hoteleros, restauranteros, inmobiliarios, artesanos, prestadores de servicios turísticos, pescadores, amas de casa, entre muchos otros más. Las imágenes y testimonios que vemos a diario así lo revelan. Los sentimientos que provocan las reacciones de gobiernos frente a la tragedia han ido transitando de la sorpresa a la incredulidad, alcanzando la rabia y la impotencia.