miércoles, 4 de noviembre de 2026

INE: recuperar la independencia y la credibilidad

 


Víctor Hugo Prado



Durante las últimas dos semanas, las revelaciones periodísticas han puesto en evidencia un deterioro institucional del Instituto Nacional Electoral (INE) que será difícil revertir. En ese proceso, será determinante el perfil de quien asuma la presidencia del Consejo General, así como el del equipo de funcionarios que tendrá la responsabilidad de fortalecer su funcionamiento técnico y recuperar la confianza de la sociedad en una institución considerada uno de los patrimonios públicos más importantes construidos por los mexicanos durante décadas.



La defensa de ese patrimonio quedó de manifiesto en noviembre de 2022 y febrero de 2024, cuando cientos de miles de ciudadanos salieron a las calles, en la Ciudad de México, numerosas ciudades del país e incluso del extranjero, para defender la autonomía de la autoridad electoral, respaldar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y manifestarse en favor de la democracia. Hoy, aquella consigna de «¡El INE no se toca!» contrasta con una realidad en la que las decisiones políticas han comprometido su independencia y debilitado su credibilidad.

Pasamos de defender al INE a presenciar su sometimiento al poder político, su transformación en un instrumento al servicio de un bloque de fuerzas partidistas. Las consecuencias están a la vista: señalamientos de aplicación facciosa de la ley, concentración progresiva de atribuciones y decisiones, actos de corrupción y debilitamiento de los contrapesos, además de una reducción de los espacios de deliberación institucional. Todo ello configura un escenario que compromete las condiciones para el ejercicio de una democracia que ya enfrenta importantes fragilidades.

La responsabilidad de recuperar la credibilidad del INE recae, en buena medida, en la Cámara de Diputados, cuyos integrantes deberán elegir, con el voto de las dos terceras partes, a quien presida el Consejo General. Para ello, contarán con el apoyo de un Comité Técnico de Evaluación, encargado de verificar el cumplimiento de los requisitos legales y valorar los conocimientos electorales de los aspirantes, mediante exámenes, ensayos y entrevistas.

La pregunta es inevitable: ¿estará dispuesta la Cámara de Diputados a atender las exigencias de la sociedad y contribuir a recuperar una institución indispensable para la convivencia democrática, o prevalecerán los intereses del bloque político que concentra el poder?





El INE nació para garantizar que las fuerzas políticas compitan bajo las mismas reglas, que cada voto tenga el mismo valor y que los resultados electorales expresen auténticamente la voluntad ciudadana. Nada de ello es posible sin una autoridad independiente, profesional y confiable, ajena a los intereses de los partidos. La Cámara de Diputados tiene la responsabilidad de contribuir a devolverle al INE su independencia, certeza, legalidad y dignidad. A los ciudadanos nos corresponde defender esos principios. Por eso, la consigna que movilizó a miles de mexicanos debe seguir vigente: ¡El INE no se toca!


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