Fernando G. Castolo*
Decir Relojero hoy en día es hablar de un oficio que suena extraño entre las actuales generaciones. En una era donde todo es digital, las viejas maquinarias del reloj se van desvaneciendo quedando como una rareza que les tocó vivir a los "rucos".
A finales del siglo XIX, en Zapotlán, había un par de relojeros que sabían manejar muy bien los secretos que guardan estos medidores del tiempo: Ismael Díaz y Ángel Rodríguez Fernández, ambos instalados en la pequeña arteria de Prisciliano Sánchez.
Para el censo comercial de 1903 se tienen a los siguientes personajes: José Edwviges Sánchez Granados (su madre fue María Granados, hija de Vicente Granados, personajes consagrados en la novela "La hija del Bandido...", de Refugio Barragán de Toscano), Antonio Martínez Martínez, Cristóbal Quintero y José de Jesús Quintero Amaral. En el censo de 1913 también se menciona a don Próspero Vázquez Martínez.
En 1949 se tiene el registro de: Gregorio Contreras, ubicado en Colón 58; Aristeo García, ubicado en Ramón Corona 10; y Salvador Preciado, también ubicado en Ramón Corona, en el número 68. Las relojerías, por desgracia, casi han expirado.
Aún, hoy en día, he visto que pervive una relojería sobre la calle Degollado, pero ya no es un oficio al que se recurra con la atingencia de antaño.

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