Fernando G. Castolo*
Fruta de horno. Aún recuerdo con gran satisfacción esta delicia de la repostería regional, dado que aún se manufactura en pueblos como Zacoalco de Torres. Quizá el sope de maíz que engullimos en Zapotlán pertenezca a este género gastronómico, porque también invade la memoria con su aromática presencia.
Son panecillos
o galletas, según se vea, que pertenecen a esos hogaños con sabor
de antaño, generando en el imaginario golosinas que se han ido
perdiendo. Juan José Arreola gustaba, según sus memorias, de la
fruta de horno que preparaban sus tías y que, a la postre, heredaron
esos recetarios sus hermanas, las que continuaron con una tradición
que es sinónimo de los Arreola.
Hubo y hay excelentes
panaderos en Zapotlán que siguen fabricando esta joyería de trigo y
merengues. Sí, porque observar una batea con pan dulce, semeja
siempre un espectacular aparador que maravilla a la vista, con su
diversidad de formas y colores, y con aquellos olores que se antojan
en las tardes, cuando el chocolate está tomando su punto espumoso.
Algunas de estas panaderías han alcanzado fama y lo que venden es
una "marca", significando la calidad del producto; en
cambio, hay también panaderías de barrio que no le piden nada a las
afamadas, donde se pueden degustar otros sabores que bien conquistan
al comensal.
La gran novedad está representada en locales que
ofrecen una especialidad de "pan gourmet", inspirado en
recetas francesas, donde abundan los croissant en diversas
representaciones. Lo cierto es que se respira un aire de
profesionalización en el arte de elaborar pan. No, en Zapotlán ya
no se fabrica la fruta de horno pero, en cambio, existen opciones
para todos los gustos... Por cierto, siempre es un gusto poder
disfrutar de un buen pan dulce con su espumoso chocolate.
El
pan de Zapotlán también es parte de ese celoso patrimonio cultural
que aún conserva su elaboración artesanal.
*Cronista
Oficial de Zapotlán.

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