Pedro
Valderrama Villanueva
A
finales de abril de este año tuve la oportunidad de acudir a la
primera edición de la Feria del Libro de San Miguel el Alto, evento
organizado por un par de jóvenes entusiastas —Diego Hernández
Sepúlveda y Ricardo Balam Becerra Díaz— dedicados a promover la
cultura en su municipio, con la finalidad de presentar el libro
colectivo Mosaico
literario del sur de Jalisco. Volumen II,
referente a los estudios literarios realizados desde dicha región de
la entidad. Casi para concluir el evento, surgió una duda por parte
de uno de los asistentes a la presentación. El joven preguntó con
genuino interés: qué le hacía falta, desde mi punto de vista, al
medio literario de la región de los Altos —y, en particular, a San
Miguel el Alto— para que estuviera a la par con lo que ha
acontecido durante las últimas décadas en el sur de Jalisco y, en
especial, en Zapotlán el Grande —dicho sea de paso, el principal
municipio con mayor actividad literaria en dicha región en la
actualidad.