Mtro. Jesse Martínez
El
8 de mayo de 2025 el cardenal Robert Francis Prevost fue elegido como
el 267 papa de la Iglesia Católica, tomando el nombre de León XIV.
Una vez asumido el cargo, también se convirtió en jefe de Estado de
la Ciudad del Vaticano, pequeño país enclavado en Roma, capital
italiana.
Según Vatican News, el número de católicos en el
mundo se estima en 1,406 millones (18% de la población mundial),
siendo América el continente con mayor cantidad, mientras que Asia y
África los de mayor crecimiento. Esto hace de la Iglesia Católica
una institución sumamente influyente y con gran impacto a nivel
internacional. Este poder es asumido y encarnado en última instancia
en la figura del papa León XIV, su máximo líder.
En su
encíclica Magnifica Humanitas, León XIV aborda temas trascendentes
de la actualidad: tecnología, dignidad humana, relaciones
internacionales y responsabilidad política. En estos últimos puntos
León XIV ha sido enfático: crítica frontal a los abusos del poder
y la riqueza, posición independiente de la Iglesia Católica frente
a la presión de las grandes potencias, respaldo total a la
diplomacia como herramienta para la solución de conflictos, rechazo
total a la guerra y al rearme de los países europeos, insistencia en
la dimensión ética y moral de los gobernantes, donde más allá de
los éxitos económicos o militares, la dignidad humana, el respeto y
la paz sean los ejes que guíen las decisiones. Esa dimensión ética,
que rechaza la guerra como instrumento de solución y que califica la
teoría de la guerra justa como “superada” , es la que lo ha
llevado a chocar de frente con las potencias que normalizan el
conflicto armado.
Nacido en Estados Unidos y con ciudadanía
peruana, el papa León XIV está lejos de comulgar con el presidente
Donald Trump. Por el contrario, ha cuestionado abiertamente las
acciones de Washington en sus despliegues y uso de la fuerza, por
ejemplo contra Irán. Condenando la guerra, el papa ha resaltado las
nefastas consecuencias humanitarias en el uso del poder militar, así
como también los abusos de un presidente autoritario. La voz del
papa, al ser también estadounidense, influye en la política interna
de los Estados Unidos; aproximadamente el 20% de los adultos de este
país es católico, por lo cual su postura genera un discurso
contrario a la narrativa del poder gubernamental. Trump tiene en el
papa un adversario con suficiente eco interno y externo; es, por lo
menos, una figura incómoda para el mandatario estadounidense.
León
XIV no solo pide oraciones por la paz; su discurso es implacable en
condenar la guerra y denunciar sus desgracias, señalando
directamente la responsabilidad de los gobernantes y sus decisiones
políticas. Respecto a la guerra en Ucrania ha planteado la necesidad
de un alto al fuego, protección de la población civil y medios de
diálogo para la negociación . Paralelamente cuestiona la política
armamentista que apuesta por mayor y mejor equipo militar como
estrategia de seguridad, proponiendo a su vez mecanismos de
diplomacia efectiva y real que eviten llegar a conflictos
armados.
Finalmente, el conflicto entre Palestina e Israel ha
sido de suma importancia para el sucesor de Pedro. León XIV ha
denunciado el uso de la población civil como instrumento en los
objetivos militares, resaltando la crisis humanitaria en Gaza y la
violencia contra la población de Cisjordania. La condena del líder
católico adquirió especial significado en la condena del ataque
israelí contra la parroquia de la Sagrada Familia en Gaza en julio
de 2025. Sus condenas a las acciones militares del gobierno israelí
de Benjamin Netanyahu han sido directas y contundentes; reiterando la
necesidad de la aplicación del derecho internacional, la entrada de
ayuda humanitaria y la solución pacífica por vías
diplomáticas.
En conclusión, el simbolismo, influencia y
liderazgo de la cabeza de la Iglesia Católica en el escenario
internacional es de gran importancia. Aunque su impacto esté
orientado a los ámbitos moral, ético y diplomático, su existencia
es molesta para los políticos más belicistas, así como también
una oposición para aquellos gobernantes que rechazan todo
cuestionamiento a sus decisiones. León XIV busca un papel más
protagónico de la Iglesia Católica, una postura más activa que
exprese los principios de su doctrina. Un papa lúcido y fuerte puede
contribuir a la solución de conflictos, tender puentes o, al menos,
ser un contrapeso ante los excesos políticos a nivel internacional.
Y en ese sentido, incluso su salud es un factor que pesa: el pasado
13 de octubre fue intervenido quirúrgicamente en el Hospital Gemelli
de Roma, donde se le extirpó el lóbulo inferior del pulmón
derecho. La operación duró unos 90 minutos y los informes médicos
reportaron buenos resultados; se espera que el pontífice retome las
audiencias públicas después del 20 de octubre. La salud del
pontífice es, más allá de credos religiosos, un asunto de
geopolítica.


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