Pedro Valderrama Villanueva
Uno
de los temas que más han despertado mi interés en el ámbito de las
letras, desde hace más de dos décadas, además de la poesía
contemporánea, los escritores del pasado y la vida editorial en
Jalisco, es el trabajo de quienes realizan investigación literaria
de manera autogestiva en las regiones Altos, Centro y Sur de nuestra
entidad. A lo largo de este tiempo, he forjado grandes amistades con
la mayoría de estos “gambusinos” de las letras, con quienes
comparto las mismas pasiones por el rescate, el estudio y la difusión
de la literatura regional. La entrega y pasión que estos estudiosos
tienen por indagar en la vida y obra de numerosos autores del pasado
es admirable por diferentes razones; por ejemplo, la gran mayoría de
ellos realiza esta labor sin apoyos por parte de instituciones como
la Universidad de Guadalajara y el Gobierno del Estado. Su trabajo se
ha vuelto, desde mi perspectiva, en un claro ejemplo de cariño y
entrega al terruño.
Algunos de estos inquietos
indagadores del pasado literario desde el sur de Jalisco son: Ricardo
Sigala, Fernando G. Castolo, Héctor Alfonso Rodríguez Aguilar,
Carlos Axel Flores Valdovinos, Milton Iván Peralta, Didiana Sedano y
Miguel Ángel López Barajas, en Ciudad Guzmán. José de Jesús
Guzmán Mora, desde San Gabriel, y Guillermo Toval Vázquez, desde
Autlán. Y Salvador Encarnación desde Zacoalco de Torres. Todos
ellos, en conjunto, desde inicios del presente siglo, han producido
materiales útiles entre antologías, selecciones, biografías,
semblanzas, estudios particulares, rescates y artículos que, en
muchos sentidos, están poniendo constantemente el ejemplo de cómo
deben de realizarse estos menesteres al tratarse de la literatura que
se produce regionalmente.
No obstante, junto a estos estudiosos
de las letras, encontramos, un poco más al sur, en la capital del
estado de Colima —entidad que históricamente ha mantenido un
estrecho diálogo cultural con dicha región—, a un grupo de
investigadores que, al igual que los antes mencionados, han realizado
valiosas aportaciones al conocimiento y la difusión de su propia
literatura. Sabemos que Ciudad Guzmán y Colima tienen un profundo
vínculo histórico y cultural desde hace algunos siglos, y es justo
en la literatura donde este diálogo se ha desarrollado a lo largo
del tiempo. En décadas muy recientes editoriales como PuertAbierta,
encabeza por Miguel Uribe, y Editorial Tierra de Letras, dirigida por
Enrique Ceballos (incansable editor, investigador y bibliógrafo
colimense) han llegado a ser los puentes por donde transitan los
hacedores de las letras de ambos lados de la “frontera”. Por ello
resulta fascinante conocer desde “este lado” quiénes son las
figuras que también están en la constante búsqueda de desempolvar
la tradición literaria de su terreño y quiénes son lo que están
en perpetuo diálogo con lo que acontece dentro de este campo en
Jalisco.
Además de Enrique Ceballos, coautor de numerosas
bibliografías, antologías y compilaciones y cuya labor la ha
realizado de manera constante y desinteresadamente con la única
finalidad de difundir las letras colimenses, la investigadora Ada
Autora Sánchez Peña, por su parte, se ha vuelto en una de las
principales estudiosas y difusoras de la literatura de su entidad,
pues basta con asomarse en su amplia producción bibliográfica para
percatarse de que estamos ante otra apasionada por la escritura de su
tierra. Ada Aurora Sánchez Peña es doctora en Letras Modernas por
la Universidad Iberoamericana y se desempeña desde hace más de dos
décadas como profesora-investigadora en la Universidad de Colima,
desde donde se ha consagrado al estudio y difusión de la literatura
del siglo XX de su estado. Es autora de libros individuales,
compilaciones, coordinadora de numerosos volúmenes colectivos,
además de poemarios y libros con sus narraciones. Entre su cuantiosa
producción, algunos de los libros que podemos destacar de su autoría
encontramos diversos trabajos dedicados a rescatar la vida y la obra
de escritores del pasado de su entidad como Gregorio Torres Quintero,
José G. Alcaraz y Agustín Santa Cruz.
Su
primera incursión dentro del rescate y difusión de un autor del
pasado es Terrena
Cruz. Vida y obra de Agustín Santa Cruz
(Universidad de Colima, 1998), Agustín
Santa Cruz. Obra reunida (Universidad
de Colima, 2008) y En
una
mañana así. Antología esencial de Agustín Santa Cruz
(Gobierno del Estado de Colima, 2008), escritos en coautoría con
Marco Jauregui; posteriormente da a conocer Palabra
que arde. Griselda Álvarez: vida, política y literatura
(Universidad
de Colima, 2014), un libro coordinado al lado de Elizabeth Vivero.
Así también compiló Veintidós
poetas de Colima. Parota de sal, antología (PuertAbierta,
2019); Labio
sediento. Poesía. José G. Alcaraz
(Universidad de Colima, 2021); también fue coordinadora, al lado de
Martha Piña Zentella, del volumen Literaturas
regionales: un asomo a la poesía del Pacífico mexicano
(Universidad de Colima, 2025). Es también autora de numerosos
capítulos de un sinfín de libros colectivos sobre literatura y de
cuantiosos artículos que ha dado a conocer en periódicos y revistas
de Colima y otras latitudes desde mediados de la década de
1990.
Ada
Aura Sánchez, asimismo, ha contribuido a las letras del sur de
Jalisco mediante la edición del libro María
Cristina Pérez Vizcaíno. Obra poética
(PuertAbierta, 2019), realizada en colaboración con Vicente Preciado
Zacarías, quien previamente publicó Antología
poética: María Cristina Pérez Vizcaíno
(Universidad de Guadalajara, 1999). En este trabajo, Ada Aura y
Preciado Zacarías reúnen la poesía de la poeta de origen
zapotlense, quien en vida dio a conocer poemarios como Atabal
(1948) y El
asalto
(1952). La estudiosa colimense ofrece aquí un estudio muy completo
sobre su vida y puntualiza las características de la autora
jalisciense. En pocas palabras, María
Cristina Pérez Vizcaíno. Obra poética
constituye una aportación mayúscula al conocimiento de las letras
de la región sur de nuestra entidad.
En
suma, la labor incansable de estos “gambusinos” del sur de
Jalisco y de sus pares en Colima —como la que viene realizando Ada
Aurora Sánchez Peña— demuestra que la memoria literaria de
nuestras regiones no depende necesariamente del respaldo
institucional, sino del profundo amor al terruño de sus apasionados
investigadores. El puente cultural tendido a través de este diálogo
constante entre ambas tierras no sólo dignifica la investigación,
sino que garantiza que las voces de nuestro pasado permanezcan vivas,
demostrando que rescatar la literatura regional es, en el fondo, un
acto indispensable de identidad.

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