Todos
los Doce Pasos de A.A. nos piden que actuemos en contra de nuestros
deseos naturales... todos ellos desinflan nuestros egos. En cuanto al
desinflamiento del ego, hay pocos Pasos que nos resulten más
difíciles que el Quinto. Pero tal vez no hay otro Paso más
necesario para lograr una sobriedad duradera y la tranquilidad de
espíritu.
Después
de poner por escrito mis defectos de carácter, no tenía deseos de
hablar sobre ellos, y decidí que era hora de dejar de llevar esta
carga solo. Tenía que confesar esos defectos a alguien más. Yo
había leído —y se me había dicho— que no podría mantenerme
sobrio a menos que lo hiciera.
El Paso Cinco me daba un sentimiento de pertenecer, de humildad y serenidad cuando lo practicaba en mi diario vivir. Fue importante admitir mis defectos de carácter en el orden que se presentan en el Paso Cinco: “ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano”. Admitirlo ante Dios prepara el terreno para la admisión ante mí mismo y ante otra persona.
Como
lo describe la práctica del Paso, una sensación de unidad con Dios
y con mi prójimo me llevó a un lugar de descanso en donde me podía
preparar para los otros Pasos hacia una sobriedad completa y llena de
significado.

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