Fernando G. Castolo*
Nacido
el Topia, Durango, en 1944, un accidentado viaje hecho por sus
hermanos, lo llevó finalmente a establecerse en Guadalajara, con tan
sólo 17 años. Ahí, en la gran ciudad, y gracias a esa "chispa"
de su natural carácter, mientras realizaba diversos oficios, conoció
y se relacionó con importantes personajes en la época.
Un
militar, lo reconoce, a quien se le presentó como su pariente, le
abrió las puertas de un mundo que le pareció fascinante. Bajo su
protección y cobijo intentó igualmente realizar una carrera
militar. No era lo suyo. En ese ambiente, decide finalmente estudiar,
prepararse académicamente.
Por azares del destino, conoce a
un político que es considerado un icono jalisciense: don José
Guadalupe Zuno Hernández. Guiado por él, coincide constantemente
con un ambiente en que todo le inspiraba para, finalmente, embeber
esos bagajes que moldearon su propia personalidad. Realizó una
carrera impresionante al interior de la Universidad de Guadalajara,
donde actualmente se le guardan amplias y merecidas consideraciones.
Participó de forma directa, teniendo como herramienta su
capacidad intelectual y estratégica, en la reforma universitaria de
hace treinta años, consolidando la presencia de la máxima casa de
estudios jalisciense en todo el territorio estatal, a través de los
Centros Universitarios regionales, estimulando las vocaciones de
miles de jóvenes que deseaban prepararse profesionalmente, pero que
no contaban con los medios económicos para aspirar a ello. Él mismo
puso en práctica lo que otros hicieron por él en un momento
determinante de su vida.
Gracias al Dr. Adolfo Espinoza de los
Monteros Cárdenas los jaliscienses hemos elevado nuestro nivel
cultural e intelectual. Es preciso reconocerle esa aportación. Hoy,
y desde hace varios años, decidió radicarse en esta Ciudad Guzmán,
lugar en el que tuvo la oportunidad de llevar las riendas del Centro
Universitario del Sur, en calidad de Rector.
Por supuesto,
antes de este episodio, se abocó a diversas y muy importantes
encomiendas académicas y administrativas de la Universidad de
Guadalajara. Su estatura es la de uno de los grandes humanistas que
han legado un trabajo que fue realizado con calidad y calidez humana
y profesional.
Sí, el doctor Adolfo Espinoza de los Monteros
Cárdenas es un vecino más de Zapotlán para el común de la gente,
pero su verdadera dimensión se concibe como algo realmente
trascendente.

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