miércoles, 6 de mayo de 2026

Las letras zapotlenses y sus figuras tutelares

 



Pedro Valderrama Villanueva



A finales de abril de este año tuve la oportunidad de acudir a la primera edición de la Feria del Libro de San Miguel el Alto, evento organizado por un par de jóvenes entusiastas —Diego Hernández Sepúlveda y Ricardo Balam Becerra Díaz— dedicados a promover la cultura en su municipio, con la finalidad de presentar el libro colectivo Mosaico literario del sur de Jalisco. Volumen II, referente a los estudios literarios realizados desde dicha región de la entidad. Casi para concluir el evento, surgió una duda por parte de uno de los asistentes a la presentación. El joven preguntó con genuino interés: qué le hacía falta, desde mi punto de vista, al medio literario de la región de los Altos —y, en particular, a San Miguel el Alto— para que estuviera a la par con lo que ha acontecido durante las últimas décadas en el sur de Jalisco y, en especial, en Zapotlán el Grande —dicho sea de paso, el principal municipio con mayor actividad literaria en dicha región en la actualidad.



Ante semejante pregunta que no me esperaba, pensé rápidamente en alguna posible respuesta para salir al paso de la interrogante. Sólo tuve unos pocos segundos para meditar la respuesta. Le respondí que son numerosos los factores que han influido para que en Zapotlán el Grande sea, en los últimos tiempos, el gran manantial literario de la región sur. En primer lugar, Ciudad Guzmán, desde inicios del siglo pasado, ha contado con numerosos periódicos, suplementos culturales, revistas literarias, imprentas, editoriales independientes, asociaciones de escritores, espacios culturales, librerías, talleres literarios y, además, en 2006, se inauguró la licenciatura en Letras Hispánicas en el CUSur.

Por otro lado, además de estos factores, que, indudablemente, nos señalan la existencia de un medio cultural vigoroso, Zapotlán el Grande, desde inicios del siglo pasado, cuenta con figuras tutelares identificables que han formado, guiado y animado el medio cultural y las nuevas sensibilidades que han surgido en diferentes momentos en este municipio. Algunas de estos maestros socráticos que han formado, de alguna manera, estas nuevas vocaciones son: Alfredo Velasco Cisneros, Juan José Arreola, Vicente Preciado Zacarías y Orso Arreola. Cada uno de ellos han alentado a los talentosos jóvenes y han guiado sus lecturas y, en algunos casos, hasta su escritura a través de tertulias, conferencias, charlas informales, clases y talleres literarios.

Orso Arreola Sánchez, hijo del destacado narrador, editor y tallerista Juan José Arreola, fue una de estas figuras fundamentales de la cultura zapotlense. A través de una larga trayectoria como promotor cultural, librero, periodista cultural en la Ciudad de México y en Guadalajara, y biógrafo de su padre a través de los libros El último juglar. Memorias de Juan José Arreola (1998) y Juan José Arreola. Vida y obra (2001). Además, compiló los volúmenes Juan José Arreola. Prosa dispersa (2002) y Perdido voy en busca de mí mismo. Poemas y acuarelas (2019). Orso, durante los últimos años de su vida, se erigió, junto a Vicente Preciado Zacarías, como la columna vertebral del renacimiento cultural que Ciudad Guzmán ha experimentado a partir de los años dos mil. Durante su estancia allí, entre otros méritos, impulsó y le dio, durante sus primeros años, destino a la Casa-Taller Literario “Juan José Arreola”, que, en la actualidad, es uno de los principales foros culturales en la entidad. Además, participó activamente en la fundación del Coloquio Arreolino hace más de 18 años en Zapotlán el Grande, y que se lleva a cabo, asimismo, en la Casa-Taller Literario “Juan José Arreola”, donde, entre otras actividades, se organizan mesas de diálogo, presentaciones, conferencias, talleres literarios y torneos de ajedrez.
Esto es particularmente relevante cuando nos damos cuenta de que Carlos Axel Flores Valdovinos, responsable de la edición El Mester de Juglaría (2026), le debe en buena medida sus emprendimientos —como estudioso y editor— tanto a Juan José Arreola como a Orso Arreola. Me explico y abundo enseguida. Conocí a Carlos Axel en 2018 cuando publicó su ópera prima: El estilo de Arturo Rivas Sáinz (CECA-Jalisco, 2018). Su interés me intrigó, desde un primer momento, por el escritor alteño, a quien, en los años posteriores ha venido estudiando y editando su obra completa. Durante una plática con el joven estudios me reveló que uno de los responsables por su gusto e interés por el ensayista arandense fue precisamente Orso Arreola, quien muchos años antes le compartió libros del autor y le platicó sobre el papel importante que Rivas Sainz desempeñó en la formación intelectual de su padre, Juan José Arreola. Recordemos que Flores Valdovinos, además de especializarse en la vida y obra de Rivas Sáinz, también ha estudiado la obra del autor de La feria (1963). Carlos es autor del libro Las generaciones de Juan José Arreola (2019), y dicho sea de paso, cuya reimpresión sería muy recomendable realizar.





Por otro lado, Flores Valdovinos, en su faceta como editor, se ha interesado por seguir el ejemplo de Juan José Arreola, quien no sólo destacó como uno de los narrados más singulares, sino como el editor independiente más original de las letras mexicanas a mediados del siglo pasado. Entre la década de 1950 y 1960 fundó y dirigió las colecciones los Cuadernos del Unicornio, Los Presentes y Mester. Estas ediciones artesanales cuidadosamente impresas en algunos casos en su hogar—auténticas rarezas hoy en día—, dieron a conocer a escritores hoy en día clásicos de nuestra literatura como José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska y José Agustín, entre numerosos más. Carlos Axel, al igual que Juan José Arreola, también se ha interesado por realizar ediciones artesanalmente realizadas al lado de su compañera Elba Ventura, en la Editorial Cartonera Ateneo Tzapotlatena. Juntos, pues, han seguido el ejemplo del editor de origen zapotlense.

El lector que se acerque a El Mester de Juglaría (2026), edición crítica preparada por Carlos Axel Flores Valdovinos, hallará una amplia muestra de artículos de opinión que Orso Arreola escribió y publicó en las páginas del periódico tapatío El Informador, entre 1999 y 2002, en su columna del mismo nombre y otras secciones del diario. Entre las páginas de esta estilosa edición nos topamos con más de medio centenar de ensayos, reseñas y artículos concisos y elegantemente escritos por Orso Arreola a lo largo de dichos años. Los intereses del autor en estos textos giran principalmente en torno a temas tan diversos como la bibliofilia, la bibliografía, las políticas culturales, las librerías, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y tantos temas más que apasionaron a nuestro autor. Sin duda, Carlos Axel Flores Valdovinos cumple con creces, a través de esta bella edición, con su meta: “Nuestra intención consiste en difundir una edición artesanal en homenaje a la memoria del maestro zapotlense Orso Arreola, en la sección de la columna periodística El Mester de Juglaría, publicada en El Informador, con la finalidad de reconocer su faceta como crítico, ensayista y hasta filósofo muchas veces”.




Por último, y regresando a la incógnita con la que comencé el presente texto, me queda claro que las figuras tutelares en un medio cultural son indispensables en la formación de nuevas vocaciones y, asimismo, para animar y darle cauce al mismo, a pesar de las nuevas dinámicas que día con día se van observando, como es la presencia de las redes sociales como plataformas para socializar la escritura y el surgimiento de colectivos multidisciplinarios, entre otros fenómenos. Aun así, Orso Arreola fue, a través de su ejemplo y sus iniciativas, unas de estas figuras que influyó en el devenir cultural de su terruño en los años dos mil. Nuevas personalidades, en un futuro no muy lejano, deberán, asimismo, cumplir con este papel en Ciudad Guzmán. En la actualidad comenzamos a distinguir algunos de ellos, que gradualmente han tomado la estafeta para desempeñar este rol. En los próximos años deberán comenzar a visualizarse más claramente estas nuevas figuras tutelares que también deberán de guiar a las nuevas sensibilidades dentro del panorama de las letras del sur de Jalisco.


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