Pedro Valderrama Villanueva
A
finales de abril de este año tuve la oportunidad de acudir a la
primera edición de la Feria del Libro de San Miguel el Alto, evento
organizado por un par de jóvenes entusiastas —Diego Hernández
Sepúlveda y Ricardo Balam Becerra Díaz— dedicados a promover la
cultura en su municipio, con la finalidad de presentar el libro
colectivo Mosaico
literario del sur de Jalisco. Volumen II,
referente a los estudios literarios realizados desde dicha región de
la entidad. Casi para concluir el evento, surgió una duda por parte
de uno de los asistentes a la presentación. El joven preguntó con
genuino interés: qué le hacía falta, desde mi punto de vista, al
medio literario de la región de los Altos —y, en particular, a San
Miguel el Alto— para que estuviera a la par con lo que ha
acontecido durante las últimas décadas en el sur de Jalisco y, en
especial, en Zapotlán el Grande —dicho sea de paso, el principal
municipio con mayor actividad literaria en dicha región en la
actualidad.
Ante
semejante pregunta que no me esperaba, pensé rápidamente en alguna
posible respuesta para salir al paso de la interrogante. Sólo tuve
unos pocos segundos para meditar la respuesta. Le respondí que son
numerosos los factores que han influido para que en Zapotlán el
Grande sea, en los últimos tiempos, el gran manantial literario de
la región sur. En primer lugar, Ciudad Guzmán, desde inicios del
siglo pasado, ha contado con numerosos periódicos, suplementos
culturales, revistas literarias, imprentas, editoriales
independientes, asociaciones de escritores, espacios culturales,
librerías, talleres literarios y, además, en 2006, se inauguró la
licenciatura en Letras Hispánicas en el CUSur.
Por otro lado,
además de estos factores, que, indudablemente, nos señalan la
existencia de un medio cultural vigoroso, Zapotlán el Grande, desde
inicios del siglo pasado, cuenta con figuras tutelares identificables
que han formado, guiado y animado el medio cultural y las nuevas
sensibilidades que han surgido en diferentes momentos en este
municipio. Algunas de estos maestros socráticos que han formado, de
alguna manera, estas nuevas vocaciones son: Alfredo Velasco Cisneros,
Juan José Arreola, Vicente Preciado Zacarías y Orso Arreola. Cada
uno de ellos han alentado a los talentosos jóvenes y han guiado sus
lecturas y, en algunos casos, hasta su escritura a través de
tertulias, conferencias, charlas informales, clases y talleres
literarios.
Orso
Arreola Sánchez, hijo del destacado narrador, editor y tallerista
Juan José Arreola, fue una de estas figuras fundamentales de la
cultura zapotlense. A través de una larga trayectoria como promotor
cultural, librero, periodista cultural en la Ciudad de México y en
Guadalajara, y biógrafo de su padre a través de los libros El
último juglar. Memorias de Juan José Arreola
(1998) y Juan
José Arreola. Vida y obra
(2001). Además, compiló los volúmenes Juan
José Arreola. Prosa dispersa
(2002) y Perdido
voy en busca de mí mismo. Poemas y acuarelas
(2019). Orso, durante los últimos años de su vida, se erigió,
junto a Vicente Preciado Zacarías, como la columna vertebral del
renacimiento cultural que Ciudad Guzmán ha experimentado a partir de
los años dos mil. Durante su estancia allí, entre otros méritos,
impulsó y le dio, durante sus primeros años, destino a la
Casa-Taller Literario “Juan José Arreola”, que, en la
actualidad, es uno de los principales foros culturales en la entidad.
Además, participó activamente en la fundación del Coloquio
Arreolino hace más de 18 años en Zapotlán el Grande, y que se
lleva a cabo, asimismo, en la Casa-Taller Literario “Juan José
Arreola”, donde, entre otras actividades, se organizan mesas de
diálogo, presentaciones, conferencias, talleres literarios y torneos
de ajedrez.
Esto es particularmente relevante cuando nos
damos cuenta de que Carlos Axel Flores Valdovinos, responsable de la
edición El
Mester de Juglaría
(2026), le debe en buena medida sus emprendimientos —como estudioso
y editor— tanto a Juan José Arreola como a Orso Arreola. Me
explico y abundo enseguida. Conocí a Carlos Axel en 2018 cuando
publicó su ópera prima: El
estilo de Arturo Rivas Sáinz
(CECA-Jalisco, 2018). Su interés me intrigó, desde un primer
momento, por el escritor alteño, a quien, en los años posteriores
ha venido estudiando y editando su obra completa. Durante una plática
con el joven estudios me reveló que uno de los responsables por su
gusto e interés por el ensayista arandense fue precisamente Orso
Arreola, quien muchos años antes le compartió libros del autor y le
platicó sobre el papel importante que Rivas Sainz desempeñó en la
formación intelectual de su padre, Juan José Arreola. Recordemos
que Flores Valdovinos, además de especializarse en la vida y obra de
Rivas Sáinz, también ha estudiado la obra del autor de La
feria
(1963). Carlos es autor del libro Las
generaciones de Juan José Arreola
(2019), y dicho sea de paso, cuya reimpresión sería muy
recomendable realizar.
Por
otro lado, Flores Valdovinos, en su faceta como editor, se ha
interesado por seguir el ejemplo de Juan José Arreola, quien no sólo
destacó como uno de los narrados más singulares, sino como el
editor independiente más original de las letras mexicanas a mediados
del siglo pasado. Entre la década de 1950 y 1960 fundó y dirigió
las colecciones los Cuadernos del Unicornio, Los Presentes y Mester.
Estas ediciones artesanales cuidadosamente impresas en algunos casos
en su hogar—auténticas rarezas hoy en día—, dieron a conocer a
escritores hoy en día clásicos de nuestra literatura como José
Emilio Pacheco, Elena Poniatowska y José Agustín, entre numerosos
más. Carlos Axel, al igual que Juan José Arreola, también se ha
interesado por realizar ediciones artesanalmente realizadas al lado
de su compañera Elba Ventura, en la Editorial Cartonera Ateneo
Tzapotlatena. Juntos, pues, han seguido el ejemplo del editor de
origen zapotlense.
El
lector que se acerque a El
Mester de Juglaría
(2026), edición crítica preparada por Carlos Axel Flores
Valdovinos, hallará una amplia muestra de artículos de opinión que
Orso Arreola escribió y publicó en las páginas del periódico
tapatío El
Informador,
entre 1999 y 2002, en su columna del mismo nombre y otras secciones
del diario. Entre las páginas de esta estilosa edición nos topamos
con más de medio centenar de ensayos, reseñas y artículos concisos
y elegantemente escritos por Orso Arreola a lo largo de dichos años.
Los intereses del autor en estos textos giran principalmente en torno
a temas tan diversos como la bibliofilia, la bibliografía, las
políticas culturales, las librerías, la Feria Internacional del
Libro de Guadalajara y tantos temas más que apasionaron a nuestro
autor. Sin duda, Carlos Axel Flores Valdovinos cumple
con creces, a través de esta bella edición, con su meta: “Nuestra
intención consiste en difundir una edición artesanal en homenaje a
la memoria del maestro zapotlense Orso Arreola, en la sección de la
columna periodística El Mester de Juglaría, publicada en El
Informador,
con la finalidad de reconocer su faceta como crítico, ensayista y
hasta filósofo muchas veces”.
Por
último, y regresando a la incógnita con la que comencé el presente
texto, me queda claro que las figuras tutelares en un medio cultural
son indispensables en la formación de nuevas vocaciones y, asimismo,
para animar y darle cauce al mismo, a pesar de las nuevas dinámicas
que día con día se van observando, como es la presencia de las
redes sociales como plataformas para socializar la escritura y el
surgimiento de colectivos multidisciplinarios, entre otros fenómenos.
Aun así, Orso Arreola fue, a través de su ejemplo y sus
iniciativas, unas de estas figuras que influyó en el devenir
cultural de su terruño en los años dos mil. Nuevas personalidades,
en un futuro no muy lejano, deberán, asimismo, cumplir con este
papel en Ciudad Guzmán. En la actualidad comenzamos a distinguir
algunos de ellos, que gradualmente han tomado la estafeta para
desempeñar este rol. En los próximos años deberán comenzar a
visualizarse más claramente estas nuevas figuras tutelares que
también deberán de guiar a las nuevas sensibilidades dentro del
panorama de las letras del sur de Jalisco.

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