Fernando G. Castolo*
La
Familia Sánchez-Fermín desde hace años abrazó el compromiso de
sus ancestros para mantener viva una Función a Señor San José que
data desde 1946. Se trata de la Función de la Resequedad. Estamos en
el mes de junio y aún no se asoman en los cielos las nubes oscuras
que presagian el inicio del temporal de lluvias. Esa situación
produjo una seria alarma entre los agricultores quienes, apoyándose
en sus líderes morales Camilo Ambrosio (hermano del célebre
mayordomo indígena Cirilo Ambrosio) y Luis Sánchez Alcántara,
instan al párroco para sacar en procesión a la taumaturga imagen
Josefina, la que siempre ha enjugado las lágrimas de la frágil
comunidad zapotlense.
El señor Cura don Higinio Gutiérrez
López, con ciertas providencias, accede a la petición. A las 11:00
de la mañana del día 26 de junio la muchedumbre salió del templo
parroquial cargando en sus hombros a San José. Entre cantos y
oraciones, avanzó la procesión con rumbo hacia el anchuroso valle.
En su recorrido por las sementeras, de tétrico aspecto dantesco, las
tolvaneras se levantaban tras de sí. Ya de retorno y a la altura del
Santuario de Guadalupe, empezaron a caer las primeras gotas.
En
medio del aguacero y alrededor de las 2:00 de la tarde, San José
ingresó a su gran templo en medio de vivas y efusivas aclamaciones.
El milagro se había realizado: cayó agua del cielo y desapareció
la resequedad. El resultado del temporal fue exitoso para todos los
agricultores.
Desde entonces aparece en el calendario anual de
las Funciones Josefinas esta que llaman de la "Resequedad".
Esta solemnidad pervive en la memoria y en el espíritu de una
comunidad representada por la Familia Sánchez-Fermín, cuyos
esfuerzos honran la presencia de San José en Zapotlán, la tierra
prometida de nuestros ancestros.

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