jueves, 18 de junio de 2026

Tamazulita, un libro de Jens Gotzsche Larsen

 



Eduardo Ramírez Ruelas*


En el año de 1979 llegó a Tamazulita un joven extranjero llamado Jens Gotzsche Larsen. Lo conocimos siempre con sólo dos cambios de ropa, mochila, cámara y su gorra característica. Tamazulita era en ese tiempo un pueblo de pocas familias prácticamente aislado del resto de las poblaciones jaliscienses: muy pocos iban a Guadalajara, nadie leía el periódico de manera regular y nos enterábamos de los sucesos por las noticias de la radio.



Ahora, después de 47 años, apenas nos enteramos que ese joven extranjero era un estudiante de una universidad estadounidense que quizá estudiaba antropología o sociología y que antes de venir a Tamazulita ya había ido a estudiar a los jíbaros de las selvas ecuatorianas. Llegó como empleado de la mina La Loba del Limoncito, un pequeño poblado cerca de Tamazulita, pero dedicó su tiempo libre para conocer la población de Tamazulita con afán de investigador apasionado. El producto de ello fue un libro escrito en danés que tituló: Tamazulita: La vida de un pueblito del centro de México.

Alma Vera Ruelas, maestra de California y originaria de Tamazulita se dedicó a conseguir una copia de ese libro y gestionar su traducción al español. Yo recibí una copia y fui invitado a participar en su presentación pública. Cuando lo leí quedé sorprendido de las conclusiones a las que llegó Jens Gotzsche Larsen y trataré de explicar lo medular de sus opiniones sobre el pueblo en que nací.

Jens no vino como un experto de un país desarrollado a enseñarnos algo. No intentó modificar nuestra forma de vida. No vino a traernos conocimientos. Vino a conocer y observar nuestra forma de vida de los años setenta. Vino a conocer la entraña de nuestra forma de pensar y se fue maravillado con la forma de vida de nuestro pequeño pueblo.

Descubrió que los países desarrollados tenían mucho que aprender de los países del tercer mundo. Que la felicidad de una población no depende de los ingresos económicos de sus habitantes, ya que según sus reflexiones “No es necesario trabajar tanto en los pueblos de México para vivir en abundancia”, y cuando observó a las personas mayores de mi comunidad escribió que quizá estos hombres mayores deberían ir a Dinamarca a enseñar a los daneses como vivir mejor y que en los pueblos rurales de México el dinero no tiene tanta relevancia porque casi no se utiliza.





Al observar las familias numerosas de mi pueblo y compararlas con las familias pequeñas de su país, estimó que en Tamazulita el número de integrantes de una familia no representa un problema, al contrario, en la familia numerosa hay más personas para colaborar y hasta los niños tienen un rol importante en la familia porque desempeñan tares determinadas en el hogar. Además, los ancianos son cuidados por todos los integrantes de la familia y no son enviados a asilos o casas de cuidados como sucede en los países llamados desarrollados.

En fin, en cada aspecto de la vida de Tamazulita Jens encontró razones suficientes para concluir que el mundo estaba al revés al considerar que los países desarrollados vivían mejor que los del tercer mundo. Ojalá los estudiosos de la sociología actual lean las reflexiones de Jens para que tengan una mirada distinta al estudiar las poblaciones y desaparezca la idea absurda que los países en desarrollo no tenemos nada que enseñar a los de primer mundo.


*Consocio del Capítulo Sur de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco, A. C.



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