Pedro Valderrama Villanueva
Dos son los principales libros que han documentado la historia de la investigación en Jalisco: el primero se titula La investigación literaria en Jalisco, coordinado por Fernando Carlos Vevia Romero, y el segundo es Evolución de la historiografía jalisciense (1857-2010), realizado por Angélica Peregrina junto a otros autores. Éstos, en buena medida, resumen la evolución de una tarea tan crucial que es la actividad de la investigación en nuestra entidad. Fuera de estos dos esfuerzos poca importancia se le ha dado a la materia. Es a partir de la lectura de estos valiosos trabajos en que surge mi inquietud por registrar esta actividad —la investigación— que se viene desarrollando en el ámbito literario, desde hace varias décadas, en nuestra entidad. Sin embargo, otro aspecto que en estos libros no se revisa —y que resulta valioso también conocer— es la investigación que se lleva a cabo desde el ámbito de la autogestión. Recordemos que durante buena parte del siglo XIX y la pasada centuria, la reflexión en torno a las letras producidas en nuestro estado estuvo marcada por esfuerzos aislados, emprendidos principalmente desde la crítica literaria y la labor hemerográfica, como aquella realizada por Juan B. Iguíniz, Arturo Rivas Sainz, Adalberto Navarro Sánchez, Emmanuel Carballo y Ramiro Villaseñor. No fue sino hasta la segunda mitad del siglo XX —y con mayor claridad a partir de la década de 1980, con la institucionalización de los estudios literarios en la Universidad de Guadalajara y en el El Colegio de Jalisco— cuando la investigación sistemática sobre autores y obras comenzó a adquirir un carácter profesional y metodológicamente más riguroso.
En este contexto de
consolidación académica, el papel de El Colegio de Jalisco ha sido
decisivo. A través de la revista Estudios
Jaliscienses,
dicha institución ha promovido un espacio de diálogo
interdisciplinario que conjunta historia, literatura y ciencias
sociales, contribuyendo a la comprensión del devenir histórico en
la entidad. De manera paralela, proyectos colectivos como la
colección Mosaico Literario
evidencian
la madurez de una comunidad de investigadores —provenientes en su
mayoría de la región sur— comprometida con el rescate, análisis
y difusión de la producción literaria de sus municipios.
Entrando
en materia. El número 143 de Estudios
Jaliscienses,
correspondiente a febrero de 2026, titulado “Letras jaliscienses”
reúne un conjunto de estudiosos, que vienen realizando su tarea al
margen de instituciones, y que dialogan entre sí desde una
perspectiva histórica y crítica. La presente entrega abre con una
reflexión introductoria, realizada por un servidor, que sitúa la
investigación literaria jalisciense como una práctica relativamente
reciente en términos institucionales, pero profundamente arraigada
en una tradición intelectual local. A partir de ahí, los artículos
reunidos configuran un panorama —que abarca las regiones Sur, Altos
y Centro— que conjuga rescate biográfico, análisis y el estudio
de espacios de escritura.
Ricardo Sigala —uno de los
principales observadores de la actividad literaria en la región—,
con “La nueva literatura del Sur de Jalisco. Un acercamiento”,
examina la emergencia de voces contemporáneas en la región,
subrayando la continuidad y las rupturas con respecto a una tradición
que tiene en figuras como Juan Rulfo y Juan José Arreola. Por su
parte, Dante Alejandro Velázquez Limón, un estudioso que ha
centrado su atención, en años recientes, en la vida y obra de
escritores alteños, aborda la figura de “Alfredo Márquez Campos,
a 103 años de su natalicio”, destacando su relevancia —poco
reconocida hoy en día— dentro de la narrativa jalisciense de
mediados del siglo pasado. Por otra parte, Carlos Axel Flores
Valdovinos —uno de los investigadores jaliscienses actuales más
rigurosos en su campo—, analiza la recepción crítica de Ramón
López Velarde a partir de la lectura de Arturo Rivas Sainz, pionero
en los estudios en torno al poeta zacatecano.
Didiana Sedano
Sevilla —quien en años recientes se perfila como la principal
conocedora de la vida y obra de Refugio Barragán de Toscano—, por
su parte, aporta una investigación hemerográfica muy completa en
torno a La
Palmera del Valle,
periódico dirigido por Barragán de Toscano a finales del siglo
antepasado. Su trabajo recupera la recepción de esta publicación y
subraya el lugar de la escritura de las mujeres en la sociedad
decimonónico. Finalmente, Juan Carlos Gallegos Rivera examina los
orígenes de los talleres literarios en Guadalajara, entre 1970 y
2000, y cuya raíz, en buena medida, está en la actividad que
desarrolló Juan José Arreola en la capital mexicana y de Elías
Nandino en Guadalajara.
El número 143 de Estudios
Jaliscienses,
desde mi perspectiva, destaca por tres motivos: el rescate de figuras
parcialmente olvidadas, la revisión crítica de algunos autores ya
canonizados y el análisis de espacios formativos que han incidido en
la vida literaria de la entidad. Se trata, pues, de un volumen que
vincula pasado y presente, tradición y renovación.
Por otra
parte, Mosaico
literario del sur de Jalisco. Volumen II
continúa un proyecto editorial orientado a explorar el campo
literario de esta región. Este segundo tomo reúne el trabajo de
Didiana Sedano Sevilla, Fernando G. Castolo, José de Jesús Guzmán
Mora, Ricardo Sigala, Salvador Encarnación, Milton Iván Peralta,
Guillermo Tovar Vázquez, Pedro Valderrama Villanueva, Miguel Ángel
López Barajas y Andrea Reynoso, quienes conforman un conjunto plural
de investigadores, cronistas y promotores culturales.
El
presente volumen tiene una vocación de rescate. En sus páginas se
abordan trayectorias de escritores y escritores vinculados con
localidades como Zapotlán el Grande, Gómez Farías, Autlán,
Tolimán, San Gabriel y Zapotitlán. Se estudian autores cuya obra ha
quedado dispersa en revistas, periódicos, ediciones de circulación
limitada o archivos familiares, lo que convierte a estos ensayos en
un ejercicio de reconstrucción histórica y crítica. De esta
manera, sobresalen los trabajos archivísticos dedicados a Esperanza
Valdovino, J. Jesús Nava Guevara, Emmanuel Palacios, Basilio Vadillo
y Jaime Cortés.
Uno de los aportes más significativos del
volumen radica en la inclusión de materiales inéditos y, como ya
mencioné, en la revisión de archivos poco explorados. Esta labor
llevada a cabo por este equipo de especialistas amplía el
conocimiento sobre los autores estudiados y contribuye a redefinir el
mapa literario jalisciense. Asimismo, el libro enfatiza en la
importancia de la investigación autogestiva, ya que varios de sus
autores, como ya se mencionó, desarrollan sus proyectos al margen de
instituciones universitarias y becas, lo que señala un compromiso
con las letras de la región.
Uno de los elementos en común
entre ambos trabajos es la presencia de autores que participan en
ambas publicaciones, como Ricardo Sigala, Didiana Sedano Sevilla y un
servidor. Esta coincidencia no es mera casualidad: revela la
existencia de una comunidad académica que dialoga en distintos
espacios editoriales y que comparte un horizonte común: la
investigación y el rescate de autores en el olvido. La coordinación
y presentación —que tuve la fortuna de encabezar y escribir— de
estos materiales no sólo implicó una labor organizativa, sino
también la construcción de vasos comunicantes entre ambos
proyectos. Otro aspecto que vale la pena resaltar —y reflexionar—
es la ausencia de mujeres en ambos trabajos. Es innegable reconocer
que hacen falta mujeres dentro del campo de los estudios literarios
—autogestivos. Se espera que con la realización de los cuatro
volúmenes que conformará la colección Mosaico Literario —referente
a las regiones Sur, Altos y Centro—, más mujeres se interesen o al
menos despierte la curiosidad por estos temas y, por ende, se
visibilicen en un futuro no muy lejano. En la actualidad, hay una
participación muy grande de mujeres en poesía, narrativa, gestión
cultural y en la labor editorial en el estado, pero cuando se trata
de la investigación literaria -reitero- hay un sensible vacío.
Recordemos que uno de los propósitos de este proyecto es
visibilizar a las estudiosas y estudiosos de la entidad.
En
resumen, el número 143 de Estudios
Jaliscienses
y Mosaico
literario del sur de Jalisco. Volumen II
contienen aportaciones complementarias y necesarias dentro del
desarrollo actual de los estudios literarios en el estado. Ambos
materiales confirman que la investigación regional no es un
ejercicio menor, sino un campo fértil para la reflexión. Como
coordinador y presentador de estas dos obras, agradezco y celebro la
suma de esfuerzos que las hicieron posibles —en primer lugar, a la
directoria de la revista, la Dra. Angélica Peregrina, por su
confianza, a la Mtra. Kenia Cornejo, por todo el apoyo brindado, y,
desde luego, a todos los colaboradores por su paciencia,
disponibilidad y profesionalismo en todo momento— y reitero la
convicción de que sólo mediante el trabajo colectivo y riguroso
será posible comprender en toda su riqueza el complejo mosaico
literario de nuestra entidad.
TAMBIÉN PUEDES LEER:
Algunas reflexiones en torno al libro Mosaico literario del sur de Jalisco*

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