miércoles, 25 de marzo de 2026

Dos proyectos con una raíz en común: las letras de Jalisco

 




Pedro Valderrama Villanueva


Dos son los principales libros que han documentado la historia de la investigación en Jalisco: el primero se titula
La investigación literaria en Jalisco, coordinado por Fernando Carlos Vevia Romero, y el segundo es Evolución de la historiografía jalisciense (1857-2010), realizado por Angélica Peregrina junto a otros autores. Éstos, en buena medida, resumen la evolución de una tarea tan crucial que es la actividad de la investigación en nuestra entidad. Fuera de estos dos esfuerzos poca importancia se le ha dado a la materia. Es a partir de la lectura de estos valiosos trabajos en que surge mi inquietud por registrar esta actividad —la investigación— que se viene desarrollando en el ámbito literario, desde hace varias décadas, en nuestra entidad. Sin embargo, otro aspecto que en estos libros no se revisa —y que resulta valioso también conocer— es la investigación que se lleva a cabo desde el ámbito de la autogestión. Recordemos que durante buena parte del siglo XIX y la pasada centuria, la reflexión en torno a las letras producidas en nuestro estado estuvo marcada por esfuerzos aislados, emprendidos principalmente desde la crítica literaria y la labor hemerográfica, como aquella realizada por Juan B. Iguíniz, Arturo Rivas Sainz, Adalberto Navarro Sánchez, Emmanuel Carballo y Ramiro Villaseñor. No fue sino hasta la segunda mitad del siglo XX —y con mayor claridad a partir de la década de 1980, con la institucionalización de los estudios literarios en la Universidad de Guadalajara y en el El Colegio de Jalisco— cuando la investigación sistemática sobre autores y obras comenzó a adquirir un carácter profesional y metodológicamente más riguroso.



En este contexto de consolidación académica, el papel de El Colegio de Jalisco ha sido decisivo. A través de la revista Estudios Jaliscienses, dicha institución ha promovido un espacio de diálogo interdisciplinario que conjunta historia, literatura y ciencias sociales, contribuyendo a la comprensión del devenir histórico en la entidad. De manera paralela, proyectos colectivos como la colección Mosaico Literario evidencian la madurez de una comunidad de investigadores —provenientes en su mayoría de la región sur— comprometida con el rescate, análisis y difusión de la producción literaria de sus municipios.

Entrando en materia. El número 143 de Estudios Jaliscienses, correspondiente a febrero de 2026, titulado “Letras jaliscienses” reúne un conjunto de estudiosos, que vienen realizando su tarea al margen de instituciones, y que dialogan entre sí desde una perspectiva histórica y crítica. La presente entrega abre con una reflexión introductoria, realizada por un servidor, que sitúa la investigación literaria jalisciense como una práctica relativamente reciente en términos institucionales, pero profundamente arraigada en una tradición intelectual local. A partir de ahí, los artículos reunidos configuran un panorama —que abarca las regiones Sur, Altos y Centro— que conjuga rescate biográfico, análisis y el estudio de espacios de escritura.



Ricardo Sigala —uno de los principales observadores de la actividad literaria en la región—, con “La nueva literatura del Sur de Jalisco. Un acercamiento”, examina la emergencia de voces contemporáneas en la región, subrayando la continuidad y las rupturas con respecto a una tradición que tiene en figuras como Juan Rulfo y Juan José Arreola. Por su parte, Dante Alejandro Velázquez Limón, un estudioso que ha centrado su atención, en años recientes, en la vida y obra de escritores alteños, aborda la figura de “Alfredo Márquez Campos, a 103 años de su natalicio”, destacando su relevancia —poco reconocida hoy en día— dentro de la narrativa jalisciense de mediados del siglo pasado. Por otra parte, Carlos Axel Flores Valdovinos —uno de los investigadores jaliscienses actuales más rigurosos en su campo—, analiza la recepción crítica de Ramón López Velarde a partir de la lectura de Arturo Rivas Sainz, pionero en los estudios en torno al poeta zacatecano.

Didiana Sedano Sevilla —quien en años recientes se perfila como la principal conocedora de la vida y obra de Refugio Barragán de Toscano—, por su parte, aporta una investigación hemerográfica muy completa en torno a La Palmera del Valle, periódico dirigido por Barragán de Toscano a finales del siglo antepasado. Su trabajo recupera la recepción de esta publicación y subraya el lugar de la escritura de las mujeres en la sociedad decimonónico. Finalmente, Juan Carlos Gallegos Rivera examina los orígenes de los talleres literarios en Guadalajara, entre 1970 y 2000, y cuya raíz, en buena medida, está en la actividad que desarrolló Juan José Arreola en la capital mexicana y de Elías Nandino en Guadalajara.





El número 143 de Estudios Jaliscienses, desde mi perspectiva, destaca por tres motivos: el rescate de figuras parcialmente olvidadas, la revisión crítica de algunos autores ya canonizados y el análisis de espacios formativos que han incidido en la vida literaria de la entidad. Se trata, pues, de un volumen que vincula pasado y presente, tradición y renovación.

Por otra parte, Mosaico literario del sur de Jalisco. Volumen II continúa un proyecto editorial orientado a explorar el campo literario de esta región. Este segundo tomo reúne el trabajo de Didiana Sedano Sevilla, Fernando G. Castolo, José de Jesús Guzmán Mora, Ricardo Sigala, Salvador Encarnación, Milton Iván Peralta, Guillermo Tovar Vázquez, Pedro Valderrama Villanueva, Miguel Ángel López Barajas y Andrea Reynoso, quienes conforman un conjunto plural de investigadores, cronistas y promotores culturales.





El presente volumen tiene una vocación de rescate. En sus páginas se abordan trayectorias de escritores y escritores vinculados con localidades como Zapotlán el Grande, Gómez Farías, Autlán, Tolimán, San Gabriel y Zapotitlán. Se estudian autores cuya obra ha quedado dispersa en revistas, periódicos, ediciones de circulación limitada o archivos familiares, lo que convierte a estos ensayos en un ejercicio de reconstrucción histórica y crítica. De esta manera, sobresalen los trabajos archivísticos dedicados a Esperanza Valdovino, J. Jesús Nava Guevara, Emmanuel Palacios, Basilio Vadillo y Jaime Cortés.

Uno de los aportes más significativos del volumen radica en la inclusión de materiales inéditos y, como ya mencioné, en la revisión de archivos poco explorados. Esta labor llevada a cabo por este equipo de especialistas amplía el conocimiento sobre los autores estudiados y contribuye a redefinir el mapa literario jalisciense. Asimismo, el libro enfatiza en la importancia de la investigación autogestiva, ya que varios de sus autores, como ya se mencionó, desarrollan sus proyectos al margen de instituciones universitarias y becas, lo que señala un compromiso con las letras de la región.





Uno de los elementos en común entre ambos trabajos es la presencia de autores que participan en ambas publicaciones, como Ricardo Sigala, Didiana Sedano Sevilla y un servidor. Esta coincidencia no es mera casualidad: revela la existencia de una comunidad académica que dialoga en distintos espacios editoriales y que comparte un horizonte común: la investigación y el rescate de autores en el olvido. La coordinación y presentación —que tuve la fortuna de encabezar y escribir— de estos materiales no sólo implicó una labor organizativa, sino también la construcción de vasos comunicantes entre ambos proyectos. Otro aspecto que vale la pena resaltar —y reflexionar— es la ausencia de mujeres en ambos trabajos. Es innegable reconocer que hacen falta mujeres dentro del campo de los estudios literarios —autogestivos. Se espera que con la realización de los cuatro volúmenes que conformará la colección Mosaico Literario —referente a las regiones Sur, Altos y Centro—, más mujeres se interesen o al menos despierte la curiosidad por estos temas y, por ende, se visibilicen en un futuro no muy lejano. En la actualidad, hay una participación muy grande de mujeres en poesía, narrativa, gestión cultural y en la labor editorial en el estado, pero cuando se trata de la investigación literaria -reitero- hay un sensible vacío.

Recordemos que uno de los propósitos de este proyecto es visibilizar a las estudiosas y estudiosos de la entidad.





En resumen, el número 143 de Estudios Jaliscienses y Mosaico literario del sur de Jalisco. Volumen II contienen aportaciones complementarias y necesarias dentro del desarrollo actual de los estudios literarios en el estado. Ambos materiales confirman que la investigación regional no es un ejercicio menor, sino un campo fértil para la reflexión. Como coordinador y presentador de estas dos obras, agradezco y celebro la suma de esfuerzos que las hicieron posibles —en primer lugar, a la directoria de la revista, la Dra. Angélica Peregrina, por su confianza, a la Mtra. Kenia Cornejo, por todo el apoyo brindado, y, desde luego, a todos los colaboradores por su paciencia, disponibilidad y profesionalismo en todo momento— y reitero la convicción de que sólo mediante el trabajo colectivo y riguroso será posible comprender en toda su riqueza el complejo mosaico literario de nuestra entidad.



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