Mi
amigo sugirió lo que entonces parecía una idea original… “¿Por
qué no escoges tu propio concepto de Dios?” Esto me llegó muy
hondo; derritió la montaña de hielo intelectual a cuya sombra había
vivido y tiritado muchos años. Por fin me daba la luz del sol. Sólo
se trataba de estar dispuesto a creer en un Poder superior a mí
mismo. Nada más se necesitaba de mí para empezar.
Yo
recuerdo las veces que miraba al cielo, y reflexionaba sobre quién
dio comienzo a todo esto, y cómo. Cuando llegué a A.A., para lograr
una sobriedad estable, tenía que adquirir una comprensión de alguna
descripción de la dimensión espiritual. Después de leer una
variedad de teorías, incluyendo la científica de una gran
explosión, opté por lo sencillo suponiendo que el Dios de mi
entendimiento fue el Gran Poder que hizo posible la explosión. Con
la inmensidad del universo bajo Su dominio, Él podría, sin duda,
guiar mi pensamiento y mis acciones si yo estaba preparado a aceptar
Su orientación. Pero no podía esperar ayuda si le volvía la
espalda y me iba por mi propio camino.
Llegué a estar dispuesto a creer y he tenido 26 años de sobriedad estable y satisfactoria.


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