Fernando G. Castolo*
Reconocer
la ciudad, en sus hitos y elementos de identidad es a lo que debemos
de aspirar como sociedad. Los paisajes naturales y urbanos que
poseemos hacen atractiva a la ciudad, tanto para sus habitantes como
para sus visitantes.
Los ojos observan bellezas únicas que no se replican en ninguna otra parte, dado que esa individualidad ha sido salvaguardada por los protagonistas a lo largo del tiempo; protagonistas que fueron determinantes en la construcción de la ciudad en sus edificios, monumentos, plazas, jardines y arterias que le han dado una cohesión a la comunidad; la que también reconoce en su forma de hablar, de vestir y de engullir delicias gastronómicas ese sentido de significación que nos ha dado trascendencia.
Entonces, las hijas e hijos de este pueblo somos generadores
constantes de esa identidad cultural que nos llena de orgullo, donde
también confluyen elementos de tradición: como las celebraciones
religiosas y civiles que nos hacen coincidir en conglomerados.
Sabernos poseedores de un particular rostro que ennoblece
nuestra dimensión, es también reconocer la gran responsabilidad que
pesa sobre nuestros hombros en este momento histórico, porque somos
los actuales protagonistas de este gran escenario llamado Ciudad
Guzmán.
Ver y observar, vivir y disfrutar las bellezas de la
ciudad, a pesar de los múltiples y caóticos problemas que se
evidencian, nos hace reflexionar en que somos todos nosotros, desde
nuestras trincheras, quienes debemos de entusiasmar la idea de
sabernos grandes, de sabernos la cuna de grandes.
Creerlo así
logra radicalizar conciencias limitadas a lo negativo, las que, a su
vez, no logran encontrar fortalezas en todo lo ampliamente positivo.
Debemos de sentir y de irradiar ese orgullo por lo que se es y se
tiene.
*Cronista de Zapotlán el Grande.

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