Fernando G. Castolo*
Guillermo
García Oropeza está convencido de que el Estado de Jalisco en
realidad está conformado por dos Estados: Los Altos y el Sur. Los
Altos, de sangre criolla, y el Sur de sangre mestiza. Bajo esta
perspectiva, es entendible la variedad folclórica que ofrece el
particular rostro sureño frente a ese paisaje monocromático de
"mujeres enlutadas".
En parte, gracias a esta
peculiaridad, es como el escenario del Sur es considerado motivo de
orgullo nacional, no únicamente por sus paisajes, arquitectura,
gastronomía y artesanía, sino por la capacidad creativa de sus
hijas e hijos. Si bien, es cierto, entre los elementos de identidad
más representativos de Jalisco y que, a su vez, representan el hito
de la identidad nacional, se encuentran el charro, el mariachi, el
tequila, la birria y el paisaje agavero, estos mismos se han
consolidado como parte del patrimonio cultural de Los Altos; sin
embargo, fue el Sur quien ofreció esa musicalidad tan entrañable a
través de los sones entonados por el mariachi que tanto se
popularizaron en el cine mexicano de los años cuarenta y cincuenta.
A Rubén Fuentes debemos esa capacidad sinfónica de la música del
mariachi que interpretaba Silvestre Vargas en su conjunto
tecalitlense.
Luego, tenemos a Consuelito Velázquez con sus
inspiraciones de "boom" internacional; sin olvidar a otros
grandes de la música nacional como los Hermanos Záizar, Blas
Galindo y José Rolón. Pintores de la talla de José Clemente
Orozco; poetas como Elías Nandino o Félix Torres Milanés; y
escritores de la dimensión de Refugio Barragán de Toscano, de Juan
Rulfo, de Juan José Arreola, y de J. Trinidad Lepe Preciado. También
hay historiadores de gran relevancia como Esteban Cibrián, J. Ángel
Moreno Ochoa o Federico Munguía Cárdenas. Arquitectos de la talla
de Rafael Urzúa. Actores como Pedro Weber, y científicos como José
María Arreola y Severo Díaz.
Es cierto, el Sur de Jalisco es
una región que se "cuece aparte", que ha nacido, crecido y
desarrollado su identidad a partir de particularidades que la hacen
única. En torno al Nevado y Volcán de Colima hay reconocidas
tradiciones como los Sonajeros; comidas como la cuachala; bebidas
como el Tejuino; palabras como "nango"; formas de vivir y
expresarnos diferentes a cualquier otra latitud en el mundo. Somos
únicos y debemos de sentirnos muy orgullosos de esta sangre mestiza
que aflora identidades que son un referente universal.

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